lunes, 19 de noviembre de 2012

Evangelio XXXIII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo B. Martes, 20 de noviembre, 2012.

Evangelio XXXIII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo B. Martes, 20 de noviembre, 2012. Santoral: San Roque González y compañeros † Lectura del santo Evangelio según san Lucas (19, 1-10) Gloria a ti, Señor. En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó, y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús, pero la gente se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo: “Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa”. El bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”. Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús: “Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más”. Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús. Comentario: El paso por Jericó, de camino a Jerusalén, está caracterizado por tres transformaciones. La segunda por la conversión de Zaqueo que decide restituir el dinero mal habido. Ojos, corazón y manos simbolizan los tres motores de la acción humana, aunque el centro de ellos sea el corazón como sede del discernimiento, la voluntad y la decisión. Aunque no acostumbramos verlo así, el mayor milagro que hizo Jesús en su paso por esa legendaria ciudad fue ayudarle a Zaqueo a que creciera en solidaridad, amor y justicia. Como cobrador de impuestos, él tenía acceso a una enorme cantidad de recursos, pero sin embargo era despreciado. Zaqueo consigue crecer con el llamado de Jesús y no encaramándose en los árboles. El evangelio nos invita a que, como Zaqueo, crezcamos ayudados por las enseñanzas de Jesús y que no nos trepemos en nuestros logros, en nuestros títulos o en nuestras seguridades económicas con el pretexto de buscarlo a Él. La grandeza de Zaqueo no está en su estatura, sino en la capacidad de transformar su corazón para cambiar el mal que había hecho y restituir la injusticia en la que vivía tan cómodamente. Así como los ojos del ciego se abrieron para seguirlo, el corazón de Zaqueo se abre para servirlo. Fuentes: www.lecturadeldia.com; www.servicioskoinonia.org

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