Meditación: Miércoles de la semana 32 del tiempo ordinario. 9 de noviembre, 2011; año impar
«Y sucedió que, yendo de camino a Jerusalén, atravesaba los confines de Samaria y Galilea; y, cuando iba a entrar en un pueblo, le salieron al paso diez leprosos, que se detuvieron a distancia y le dijeron gritando: «Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros». Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes». Y sucedió que mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, al verse curado, se volvió glorificando a Dios a gritos, y fue a postrarse a sus pies dándole gracias. Y éste era samaritano. Ante lo cual dijo Jesús: «¿No son diez los que han quedado limpios? Los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino sólo este extranjero? Y le dijo: Levántate y vete: tu fe te ha salvado». (Lucas 17, 11-19)
1º. Jesús, la escena de hoy es similar a otras muchas del Evangelio: alguien está enfermo, te pide ayuda con fe y Tú le curas.
Es una muestra más de tu misericordia para quien pide con fe.
La petición de estos leprosos es una buena jaculatoria que puedo repetir a menudo: «Jesús, Maestro, ten piedad de mí».
Sin embargo, hoy me revelas un aspecto más íntimo de Ti mismo, abriéndome una pequeña ventana del corazón paternal de Dios.
De los diez leprosos que curas, Jesús, sólo uno vuelve a darte las gracias: «Y fue a postrarse a sus pies dándole gracias.»
No te enfadas, pero si te entristece la falta de agradecimiento de los otros leprosos: «¿No son diez los que han quedado limpios? Los otros nueve ¿dónde están?»
Te duele que no se den cuenta de lo mucho que les amas, ni siquiera después de haber hecho tanto por ellos.
Jesús, Tú también has hecho mucho por mí.
Mi vida, mis virtudes, mi familia: todo te lo debo a Ti.
¿Cómo me voy a olvidar de darte las gracias?
Gracias, Jesús, por todo lo que tengo y lo que soy; por todo, incluso por aquellas cosas de las que no me doy cuenta ni sé apreciar; más aún, gracias incluso por lo que me falta o me hace sufrir.
Porque, dice San Pablo, «para aquellos que aman a Dios todas las cosas son para bien» (Romanos 8,28).
«¿Qué cosa mejor podemos traer en el corazón, pronunciar con la boca, escribir con la pluma, que estas palabras, «Gracias a Dios»? No hay cosa que se pueda decir con mayor brevedad, ni oír con mayor alegría, ni sentirse con mayor elevación, ni hacer con mayor utilidad» (San Agustín).
2º. «Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al día.
-Porque te da esto y lo otro.
-Porque te han despreciado.
-Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes.
-Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya.
-Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta.
-Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso... Dale gracias por todo, porque todo es bueno» (Camino.-268).
Jesús, ¿cómo puedo serte más agradecido?
Primero, con mis obras: cuando alguien está realmente agradecido a otro se vuelca en detalles con aquella persona y se ofrece para todo en lo que pueda servirle.
De la misma manera, si realmente estoy agradecido por todo lo que has hecho por mí, es lógico que intente servirte y darte gracias durante el día.
Y todo lo que haga por Ti me parecerá pequeño e insuficiente para pagarte lo mucho que me has dado: tu misma vida.
Jesús, me has dado un medio especialísimo para darte gracias: la Santa Misa o «Eucaristía», que significa precisamente, acción de gracias.
Asistiendo a la Misa me uno a tu entrega y muerte en la cruz; y es ahí, pasmado ante semejante muestra de amor, donde puedo y debo darte gracias con más intensidad.
Gracias, Padre, porque has entregado a tu hijo queridísimo para salvarme de mis pecados; gracias, Espíritu Santo, porque has convertido el patíbulo de muerte en Sacramento de vida eterna; gracias Jesús porque te has dejado clavar libremente en la cruz por mi.
Finalmente, tras recibirte en la Comunión es bueno dedicar unos minutos a la acción de gracias.
No puedo acostumbrarme, Jesús, a recibirte en la Comunión.
Es tan inmerecido y sublime el regalo que me haces viniendo a mi pobre morada que debería pasarme el resto del día dándote gracias.
Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Tiempo ordinario. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.
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martes, 8 de noviembre de 2011
Lectio Divina: Miércoles XXXII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 9 de noviembre, 2011
Lectio Divina: Miércoles XXXII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 9 de noviembre, 2011
Lectio: Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán
Juan 2,13-22
1) Oración inicial
Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Juan 2,13-22
Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la casa de mi Padre una casa de mercado.» Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito:
Los judíos entonces replicaron diciéndole: «Qué signo nos muestras para obrar así?» Jesús les respondió: «Destruid este santuario y en tres días lo levantaré.» Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se ha tardado en construir este santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del santuario de su cuerpo. Cuando fue levantado, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.
3) Reflexión
• El Contexto. Nuestro pasaje contiene una enseñanza clara e inequívoca de Jesús en el templo. Anteriormente, Juan Bautista había dado testimonio de Jesús diciendo que era el mesías (1,29); los primeros discípulos, tras la indicación del Bautista, lo reconocen como el Cordero de Dios, que era una nota mesiánica: inaugurar una nueva pascua y una nueva alianza, realizar la definitiva liberación del hombre (Jn 1,35-51); en Caná, Jesús hace su primer milagro para manifestar su gloria (Jn 2,1-12): la gloria se torna visible, puede ser contemplada, es decir, se manifiesta. Es la gloria del Padre, presente en la persona de Jesús, manifestada al inicio de su actividad, como anticipo de su “ora” (17,1). ¿En qué manera se manifiesta su gloria? Dios establece gratuitamente con el hombre una nueva relación; lo une íntimamente a él dándole la capacidad de amar como Él por medio del Espíritu que purifica el corazón del hombre y lo hace hijo de Dios. Es necesario, sin embargo, reconocer el amor inmutable de Dios manifestado en Jesús, respondiendo con fe, o sea, con una adhesión personal.
• Jesús y el templo. Ahora Jesús se encuentra en Jerusalén, en el templo, y, dando cumplimiento a la profecía de Malaquías (Ml 3,1-3), se proclama mesías. Esta presencia de Jesús y sobre todo su enseñanza produce una tensión. Ahora comprenderá el lector que las grandes disputas con los judíos tengan lugar siempre en el templo; en este lugar proclama Jesús sus denuncias sustanciales; su misión es conducir al pueblo fuera del templo (2,15; 10,4). En el fondo, Jesús es condenado porque representa un peligro para el templo y para el pueblo. Jesús va a Jerusalén con ocasión de la Pascua de los judíos: es una ocasión clamorosa para manifestarse en público y para revelar a todos que él es el mesías. En aquella fiesta Jerusalén está llena de peregrinos llegados de todas partes y por tanto su proceder habría tenido resonancia en toda Palestina. Llegando a Jerusalén, se traslada rápidamente al templo donde realizan su trabajo diversos tipos de vendedores y cambistas… El encuentro en el templo no se realiza con personas que buscan a Dios, sino con comerciantes de lo sagrado: el importe por instalar los puestos de venta era entregado al sumo sacerdote. Jesús escoge esta ocasión (la pascua) y este lugar (el templo) para ofrecer un signo. Toma un látigo, instrumento que simbolizaba al mesías castigando los vicios y las prácticas malvadas, y expulsa a todos del templo junto con las ovejas y los bueyes. Es digna de notar su polémica contra los vendedores de palomas (v.12). La paloma era un animal que se usaba en los holocaustos propiciatorios (Lv 1,14-17), en los sacrificios de expiación y de purificación (Lv 12,8; 15,14.29), sobre todo si los que lo ofrecían eran pobres (Lv 5,7; 14,22.30ss). Aquí, los comerciantes venden las palomas, es decir, venden por dinero la reconciliación con Dios.
• La casa de mi Padre. La expresión indica que, en su obrar, Jesús se comporta como Hijo, que Él representa al Padre en el mundo. Han transformado el culto a Dios en comercio. El templo no es ya el lugar del encuentro con Dios, sino un mercado donde vige la presencia del dinero. El culto se ha convertido en pretexto para el lucro. Jesús ataca la institución central de Israel, el templo, símbolo del pueblo y de la elección. Denuncia que ha sido usurpada al templo su función histórica: ser símbolo de la morada de Dios en medio de su pueblo. La primera reacción al gesto de Jesús viene de parte de los discípulos, que lo asocian al salmo 69,10: “el celo por tu casa me devorará”. La segunda reacción viene de parte de los sumos sacerdotes, que reaccionan en nombre de los vendedores: “qué señal nos muestras para hacer estas cosas” (V.18). Le piden un signo; él les da el de su muerte: “destruid este templo y en tres días lo reedificaré” (v.19). Jesús es el templo que asegura la presencia de Dios en el mundo, la presencia de su amor; la muerte en cruz hará de Él el templo único y definitivo de Dios. El templo construido por manos de hombre ha caído; Jesús lo sustituirá, porque Él es ahora la presencia de Dios en el mundo; en Él está presente el Padre.
4) Para la reflexión personal
• ¿Has comprendido que el signo del amor de Dios para ti no es ya el templo sino una persona, Jesús crucificado?
• ¿Sabes que este signo se te ofrece personalmente para tu liberación definitiva?
5) Oración final
Dios es nuestro refugio y fortaleza,
socorro en la angustia, siempre a punto.
Por eso no tememos si se altera la tierra,
si los montes vacilan en el fondo del mar. (Sal 46,2-3)
www.ocarm.org
Lectio: Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán
Juan 2,13-22
1) Oración inicial
Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Juan 2,13-22
Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la casa de mi Padre una casa de mercado.» Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito:
Los judíos entonces replicaron diciéndole: «Qué signo nos muestras para obrar así?» Jesús les respondió: «Destruid este santuario y en tres días lo levantaré.» Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se ha tardado en construir este santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del santuario de su cuerpo. Cuando fue levantado, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.
3) Reflexión
• El Contexto. Nuestro pasaje contiene una enseñanza clara e inequívoca de Jesús en el templo. Anteriormente, Juan Bautista había dado testimonio de Jesús diciendo que era el mesías (1,29); los primeros discípulos, tras la indicación del Bautista, lo reconocen como el Cordero de Dios, que era una nota mesiánica: inaugurar una nueva pascua y una nueva alianza, realizar la definitiva liberación del hombre (Jn 1,35-51); en Caná, Jesús hace su primer milagro para manifestar su gloria (Jn 2,1-12): la gloria se torna visible, puede ser contemplada, es decir, se manifiesta. Es la gloria del Padre, presente en la persona de Jesús, manifestada al inicio de su actividad, como anticipo de su “ora” (17,1). ¿En qué manera se manifiesta su gloria? Dios establece gratuitamente con el hombre una nueva relación; lo une íntimamente a él dándole la capacidad de amar como Él por medio del Espíritu que purifica el corazón del hombre y lo hace hijo de Dios. Es necesario, sin embargo, reconocer el amor inmutable de Dios manifestado en Jesús, respondiendo con fe, o sea, con una adhesión personal.
• Jesús y el templo. Ahora Jesús se encuentra en Jerusalén, en el templo, y, dando cumplimiento a la profecía de Malaquías (Ml 3,1-3), se proclama mesías. Esta presencia de Jesús y sobre todo su enseñanza produce una tensión. Ahora comprenderá el lector que las grandes disputas con los judíos tengan lugar siempre en el templo; en este lugar proclama Jesús sus denuncias sustanciales; su misión es conducir al pueblo fuera del templo (2,15; 10,4). En el fondo, Jesús es condenado porque representa un peligro para el templo y para el pueblo. Jesús va a Jerusalén con ocasión de la Pascua de los judíos: es una ocasión clamorosa para manifestarse en público y para revelar a todos que él es el mesías. En aquella fiesta Jerusalén está llena de peregrinos llegados de todas partes y por tanto su proceder habría tenido resonancia en toda Palestina. Llegando a Jerusalén, se traslada rápidamente al templo donde realizan su trabajo diversos tipos de vendedores y cambistas… El encuentro en el templo no se realiza con personas que buscan a Dios, sino con comerciantes de lo sagrado: el importe por instalar los puestos de venta era entregado al sumo sacerdote. Jesús escoge esta ocasión (la pascua) y este lugar (el templo) para ofrecer un signo. Toma un látigo, instrumento que simbolizaba al mesías castigando los vicios y las prácticas malvadas, y expulsa a todos del templo junto con las ovejas y los bueyes. Es digna de notar su polémica contra los vendedores de palomas (v.12). La paloma era un animal que se usaba en los holocaustos propiciatorios (Lv 1,14-17), en los sacrificios de expiación y de purificación (Lv 12,8; 15,14.29), sobre todo si los que lo ofrecían eran pobres (Lv 5,7; 14,22.30ss). Aquí, los comerciantes venden las palomas, es decir, venden por dinero la reconciliación con Dios.
• La casa de mi Padre. La expresión indica que, en su obrar, Jesús se comporta como Hijo, que Él representa al Padre en el mundo. Han transformado el culto a Dios en comercio. El templo no es ya el lugar del encuentro con Dios, sino un mercado donde vige la presencia del dinero. El culto se ha convertido en pretexto para el lucro. Jesús ataca la institución central de Israel, el templo, símbolo del pueblo y de la elección. Denuncia que ha sido usurpada al templo su función histórica: ser símbolo de la morada de Dios en medio de su pueblo. La primera reacción al gesto de Jesús viene de parte de los discípulos, que lo asocian al salmo 69,10: “el celo por tu casa me devorará”. La segunda reacción viene de parte de los sumos sacerdotes, que reaccionan en nombre de los vendedores: “qué señal nos muestras para hacer estas cosas” (V.18). Le piden un signo; él les da el de su muerte: “destruid este templo y en tres días lo reedificaré” (v.19). Jesús es el templo que asegura la presencia de Dios en el mundo, la presencia de su amor; la muerte en cruz hará de Él el templo único y definitivo de Dios. El templo construido por manos de hombre ha caído; Jesús lo sustituirá, porque Él es ahora la presencia de Dios en el mundo; en Él está presente el Padre.
4) Para la reflexión personal
• ¿Has comprendido que el signo del amor de Dios para ti no es ya el templo sino una persona, Jesús crucificado?
• ¿Sabes que este signo se te ofrece personalmente para tu liberación definitiva?
5) Oración final
Dios es nuestro refugio y fortaleza,
socorro en la angustia, siempre a punto.
Por eso no tememos si se altera la tierra,
si los montes vacilan en el fondo del mar. (Sal 46,2-3)
www.ocarm.org
Ordinario de la Misa: Miércoles XXXII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 09 de Noviembre, 2011
Ordinario de la Misa: Miércoles XXXII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 09 de Noviembre, 2011
Dedicación de la Basílica de Letrán
Fiesta
Un río alegra a la ciudad de Dios
Escucha, Señor, nuestra oración
Antífona de Entrada
Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de donde estaba al lado de Dios, engalanada como una novia que se adorna para su esposo.
Se dice Gloria.
Oración Colecta
Oremos:
Señor, tú que edificas con piedras vivas y escogidas el templo eterno de tu gloria, derrama sobre tu Iglesia los dones del Espíritu Santo, para que tu pueblo fiel llegue un día a transformarse en la Jerusalén celestial.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
Lectura del libro del profeta
Ezequiel (47, 1-2. 8-9. 12)
En aquellos tiempos, un hombre me llevó a la entrada del templo. Por debajo del umbral manaba agua hacia el oriente, pues el templo miraba hacia el oriente, y el agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar.
Luego me hizo salir por el pórtico del norte y dar la vuelta hasta el pórtico que mira hacia el oriente, y el agua corría por el lado derecho. Aquel hombre me dijo:
“Estas aguas van hacia la región oriental; bajarán hasta el Arabá, entrarán en el mar de aguas saladas y lo sanearán. Todo ser viviente que se mueva por donde pasa el torrente, vivirá; habrá peces en abundancia, porque los lugares a donde lleguen estas aguas quedarán saneados y por donde quiera que el torrente pase, prosperará la vida. En ambas márgenes del torrente crecerán árboles frutales de toda especie, de follaje perenne e inagotables frutos. Darán frutos nuevos cada mes, porque los riegan las aguas que manan del santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas, de medicina”.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial Salmo 45
Un río alegra
a la ciudad de Dios.
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, quien en todo peligro nos socorre. Por eso no tememos, aunque tiemble, y aunque al fondo del mar caigan los montes.
Un río alegra
a la ciudad de Dios.
Un río alegra a la ciudad de Dios, su morada el Altísimo hace santa. Teniendo a Dios, Jerusalén no teme, porque Dios la protege desde el alba.
Un río alegra
a la ciudad de Dios.
Con nosotros está Dios, el Señor; es el Dios de Israel nuestra defensa. Vengan a ver las cosas sorprendentes que ha hecho el Señor sobre la tierra.
Un río alegra
a la ciudad de Dios.
Segunda Lectura
Lectura de la primera carta
a los Corintios 3, 9c-11.16-17
"Ustedes son templos de Dios"
Hermanos: Ustedes son casa que Dios edifica. Conforme al don que Dios me ha concedido, yo, como sabio arquitecto, puse los cimientos; otro levanta el edificio. Pero que cada cual mire cómo construye. Desde luego, nadie puede poner un cimiento distinto al que ya está puesto, y este cimiento es Jesucristo.
¿No saben que son templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y ese templo son ustedes.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
He elegido y santificado este lugar, dice el Señor, para que siempre habite ahí mi nombre.
Aleluya.
Evangelio
† Lectura del santo Evangelio
según san Juan (2, 13-22)
Gloria a ti, Señor.
Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas.Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”.
En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: El celo de tu
casa me devora.
Después intervinieron los judíos para preguntarle: “¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?”
Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Replicaron los judíos: “Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿Y tú lo vas a levantar en tres días?”
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Reflexión:
Siguiendo el trayecto hacia Jerusalén, Jesús debe pasar por Samaria. Allí tiene lugar el encuentro con los diez leprosos. Llama la atención del pasaje el que Jesús envíe a los leprosos ante los sacerdotes? ¿Por qué? En el tiempo del hecho, los leprosos quedaban fuera de la sociedad por causa de su enfermedad, considerada impureza y castigo de Dios. Jesús los restaura tanto física como socialmente, haciendo que los sacerdotes verifiquen y certifiquen la curación. Así se reintegran a la comunidad y recobran su dignidad como seres humanos.
Es interesante notar que uno sólo regresa a glorificar a Dios y agradecer a Jesús, y ése es samaritano. Esto no significa que los otros nueve fueran desagradecidos; simplemente les bastó la Ley de los sacerdotes para seguir con sus vidas. En cambio este samaritano, acostumbrado al desprecio de los judíos, con o sin lepra, es quien da cuenta de la liberación que se realizó en su persona, liberación de la enfermedad y liberación de la Ley por medio de la fe. Reflexionemos sobre las veces en que la Ley y su cumplimiento nos han retenido en la “conformidad”, impidiéndonos experimentar vivencialmente el amor que el Señor nos regala.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Hermanos, sabiendo que somos piedras vivas de la Iglesia, templo consagrado por Dios, y que el Espíritu Santo habita en nosotros, oremos junto a todos los cristianos, diciendo:
Escucha, Señor,
nuestra oración.
Por la Iglesia del nuevo milenio: para que el Señor la conserve firme ante las dificultades, cercana para todos los hombres y haga de ella la casa común donde todos vivamos como hermanos.
Oremos.
Escucha, Señor,
nuestra oración.
Por la Iglesia de Roma cuyo pastor es el Papa, sucesor de Pedro: para que presida desde el primado de la caridad a todas las comunidades cristianas del mundo.
Oremos.
Escucha, Señor,
nuestra oración.
Por todos los cristianos: para que sepamos amar y construir la Iglesia de Cristo viviendo con espíritu de comunión, fomentando el diálogo, la amistad y el respeto a las legítimas diferencias.
Oremos.
Escucha, Señor,
nuestra oración.
Por la paz entre los pueblos, en los hogares y en las relaciones interpersonales: para que los hombres aprendamos a amarnos mutuamente y a adelantar ya aquí la Jerusalén celestial.
Oremos.
Escucha, Señor,
nuestra oración.
Por los que se han apartado de la comunión de la Iglesia, por los que buscan la verdad fuera de ella, por los que la critican o se sienten abandonados de su solicitud: para que el Espíritu de la verdad los atraiga a su seno y encuentren comprensión, perdón, ayuda y amistad.
Oremos.
Escucha, Señor,
nuestra oración.
Por todos los que hemos sido incorporados a la Iglesia por el baño del Bautismo: para que, trabajando por nuestra santidad, seamos solidarios con nuestros hermanos y amándonos sin egoísmos construyamos juntos la única Iglesia de Cristo.
Oremos.
Escucha, Señor,
nuestra oración.
Celebrante:
Señor y Dios nuestro, que quisiste habitar en el corazón de los hombres y nos permites congregarnos para alabarte en templos consagrados a Ti; escucha nuestras súplicas y danos tu Espíritu para que nunca nos apartemos de Ti, antes bien hagamos de nuestras vidas moradas donde Tú habites y donde constantemente se te alabe y glorifique.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Recibe, Señor, nuestras ofrendas y concede a tu pueblo, unido en la plegaria, ser fortalecido por tus sacramentos y obtener lo que pide en sus oraciones.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio propio
La Iglesia, esposa de Cristo
y templo del Espíritu Santo.
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,Dios todopoderoso y eterno.
Porque en toda casa consagrada a la oración te has dignado quedarte con nosotros, para hacernos tú mismo templos del Espíritu Santo, que brillen, sostenidos por tu gracia, con el esplendor de una vida santa.
Y, porque con tu acción constante, santificas a la Iglesia, esposa de Cristo, simbolizada por estos edificios materiales, a fin de que, llena de gozo por la multitud de sus hijos, sea presentada a ti en la gloria de tu Reino.
Por eso, con todos los ángeles y santos, te alabamos, proclamando sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
Nosotros somos piedras vivas, que sirven para construir el templo espiritual, el pueblo sacerdotal que pertenece a Dios.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Señor y Dios nuestro, que has querido darnos en tu Iglesia un signo temporal de la Jerusalén celeste, concédenos, por esta comunión, ser transformados aquí en templos de tu gracia y entrar un día en el Reino de tu gloria.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Dedicación de la Basílica de Letrán
Fiesta
Un río alegra a la ciudad de Dios
Escucha, Señor, nuestra oración
Antífona de Entrada
Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de donde estaba al lado de Dios, engalanada como una novia que se adorna para su esposo.
Se dice Gloria.
Oración Colecta
Oremos:
Señor, tú que edificas con piedras vivas y escogidas el templo eterno de tu gloria, derrama sobre tu Iglesia los dones del Espíritu Santo, para que tu pueblo fiel llegue un día a transformarse en la Jerusalén celestial.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
Lectura del libro del profeta
Ezequiel (47, 1-2. 8-9. 12)
En aquellos tiempos, un hombre me llevó a la entrada del templo. Por debajo del umbral manaba agua hacia el oriente, pues el templo miraba hacia el oriente, y el agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar.
Luego me hizo salir por el pórtico del norte y dar la vuelta hasta el pórtico que mira hacia el oriente, y el agua corría por el lado derecho. Aquel hombre me dijo:
“Estas aguas van hacia la región oriental; bajarán hasta el Arabá, entrarán en el mar de aguas saladas y lo sanearán. Todo ser viviente que se mueva por donde pasa el torrente, vivirá; habrá peces en abundancia, porque los lugares a donde lleguen estas aguas quedarán saneados y por donde quiera que el torrente pase, prosperará la vida. En ambas márgenes del torrente crecerán árboles frutales de toda especie, de follaje perenne e inagotables frutos. Darán frutos nuevos cada mes, porque los riegan las aguas que manan del santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas, de medicina”.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial Salmo 45
Un río alegra
a la ciudad de Dios.
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, quien en todo peligro nos socorre. Por eso no tememos, aunque tiemble, y aunque al fondo del mar caigan los montes.
Un río alegra
a la ciudad de Dios.
Un río alegra a la ciudad de Dios, su morada el Altísimo hace santa. Teniendo a Dios, Jerusalén no teme, porque Dios la protege desde el alba.
Un río alegra
a la ciudad de Dios.
Con nosotros está Dios, el Señor; es el Dios de Israel nuestra defensa. Vengan a ver las cosas sorprendentes que ha hecho el Señor sobre la tierra.
Un río alegra
a la ciudad de Dios.
Segunda Lectura
Lectura de la primera carta
a los Corintios 3, 9c-11.16-17
"Ustedes son templos de Dios"
Hermanos: Ustedes son casa que Dios edifica. Conforme al don que Dios me ha concedido, yo, como sabio arquitecto, puse los cimientos; otro levanta el edificio. Pero que cada cual mire cómo construye. Desde luego, nadie puede poner un cimiento distinto al que ya está puesto, y este cimiento es Jesucristo.
¿No saben que son templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y ese templo son ustedes.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
He elegido y santificado este lugar, dice el Señor, para que siempre habite ahí mi nombre.
Aleluya.
Evangelio
† Lectura del santo Evangelio
según san Juan (2, 13-22)
Gloria a ti, Señor.
Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas.Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”.
En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: El celo de tu
casa me devora.
Después intervinieron los judíos para preguntarle: “¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?”
Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Replicaron los judíos: “Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿Y tú lo vas a levantar en tres días?”
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Reflexión:
Siguiendo el trayecto hacia Jerusalén, Jesús debe pasar por Samaria. Allí tiene lugar el encuentro con los diez leprosos. Llama la atención del pasaje el que Jesús envíe a los leprosos ante los sacerdotes? ¿Por qué? En el tiempo del hecho, los leprosos quedaban fuera de la sociedad por causa de su enfermedad, considerada impureza y castigo de Dios. Jesús los restaura tanto física como socialmente, haciendo que los sacerdotes verifiquen y certifiquen la curación. Así se reintegran a la comunidad y recobran su dignidad como seres humanos.
Es interesante notar que uno sólo regresa a glorificar a Dios y agradecer a Jesús, y ése es samaritano. Esto no significa que los otros nueve fueran desagradecidos; simplemente les bastó la Ley de los sacerdotes para seguir con sus vidas. En cambio este samaritano, acostumbrado al desprecio de los judíos, con o sin lepra, es quien da cuenta de la liberación que se realizó en su persona, liberación de la enfermedad y liberación de la Ley por medio de la fe. Reflexionemos sobre las veces en que la Ley y su cumplimiento nos han retenido en la “conformidad”, impidiéndonos experimentar vivencialmente el amor que el Señor nos regala.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Hermanos, sabiendo que somos piedras vivas de la Iglesia, templo consagrado por Dios, y que el Espíritu Santo habita en nosotros, oremos junto a todos los cristianos, diciendo:
Escucha, Señor,
nuestra oración.
Por la Iglesia del nuevo milenio: para que el Señor la conserve firme ante las dificultades, cercana para todos los hombres y haga de ella la casa común donde todos vivamos como hermanos.
Oremos.
Escucha, Señor,
nuestra oración.
Por la Iglesia de Roma cuyo pastor es el Papa, sucesor de Pedro: para que presida desde el primado de la caridad a todas las comunidades cristianas del mundo.
Oremos.
Escucha, Señor,
nuestra oración.
Por todos los cristianos: para que sepamos amar y construir la Iglesia de Cristo viviendo con espíritu de comunión, fomentando el diálogo, la amistad y el respeto a las legítimas diferencias.
Oremos.
Escucha, Señor,
nuestra oración.
Por la paz entre los pueblos, en los hogares y en las relaciones interpersonales: para que los hombres aprendamos a amarnos mutuamente y a adelantar ya aquí la Jerusalén celestial.
Oremos.
Escucha, Señor,
nuestra oración.
Por los que se han apartado de la comunión de la Iglesia, por los que buscan la verdad fuera de ella, por los que la critican o se sienten abandonados de su solicitud: para que el Espíritu de la verdad los atraiga a su seno y encuentren comprensión, perdón, ayuda y amistad.
Oremos.
Escucha, Señor,
nuestra oración.
Por todos los que hemos sido incorporados a la Iglesia por el baño del Bautismo: para que, trabajando por nuestra santidad, seamos solidarios con nuestros hermanos y amándonos sin egoísmos construyamos juntos la única Iglesia de Cristo.
Oremos.
Escucha, Señor,
nuestra oración.
Celebrante:
Señor y Dios nuestro, que quisiste habitar en el corazón de los hombres y nos permites congregarnos para alabarte en templos consagrados a Ti; escucha nuestras súplicas y danos tu Espíritu para que nunca nos apartemos de Ti, antes bien hagamos de nuestras vidas moradas donde Tú habites y donde constantemente se te alabe y glorifique.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Recibe, Señor, nuestras ofrendas y concede a tu pueblo, unido en la plegaria, ser fortalecido por tus sacramentos y obtener lo que pide en sus oraciones.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio propio
La Iglesia, esposa de Cristo
y templo del Espíritu Santo.
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,Dios todopoderoso y eterno.
Porque en toda casa consagrada a la oración te has dignado quedarte con nosotros, para hacernos tú mismo templos del Espíritu Santo, que brillen, sostenidos por tu gracia, con el esplendor de una vida santa.
Y, porque con tu acción constante, santificas a la Iglesia, esposa de Cristo, simbolizada por estos edificios materiales, a fin de que, llena de gozo por la multitud de sus hijos, sea presentada a ti en la gloria de tu Reino.
Por eso, con todos los ángeles y santos, te alabamos, proclamando sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
Nosotros somos piedras vivas, que sirven para construir el templo espiritual, el pueblo sacerdotal que pertenece a Dios.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Señor y Dios nuestro, que has querido darnos en tu Iglesia un signo temporal de la Jerusalén celeste, concédenos, por esta comunión, ser transformados aquí en templos de tu gracia y entrar un día en el Reino de tu gloria.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Evangelio del Miércoles XXXII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 9 de noviembre, 2011
Evangelio del Miércoles XXXII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 9 de noviembre, 2011
Lectura del Santo Evangelio, según San Lucas 17,11-19
Gloria a ti, Señor
Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: "Jesús, maestro, ten compasión de nosotros." Al verlos, les dijo: "Id a presentaros a los sacerdotes." Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: "¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?" Y le dijo: "Levántate, vete; tu fe te ha salvado."
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús
Reflexión:
Siguiendo el trayecto hacia Jerusalén, Jesús debe pasar por Samaria. Allí tiene lugar el encuentro con los diez leprosos. Llama la atención del pasaje el que Jesús envíe a los leprosos ante los sacerdotes? ¿Por qué? En el tiempo del hecho, los leprosos quedaban fuera de la sociedad por causa de su enfermedad, considerada impureza y castigo de Dios. Jesús los restaura tanto física como socialmente, haciendo que los sacerdotes verifiquen y certifiquen la curación. Así se reintegran a la comunidad y recobran su dignidad como seres humanos.
Es interesante notar que uno sólo regresa a glorificar a Dios y agradecer a Jesús, y ése es samaritano. Esto no significa que los otros nueve fueran desagradecidos; simplemente les bastó la Ley de los sacerdotes para seguir con sus vidas. En cambio este samaritano, acostumbrado al desprecio de los judíos, con o sin lepra, es quien da cuenta de la liberación que se realizó en su persona, liberación de la enfermedad y liberación de la Ley por medio de la fe. Reflexionemos sobre las veces en que la Ley y su cumplimiento nos han retenido en la “conformidad”, impidiéndonos experimentar vivencialmente el amor que el Señor nos regala.
Lectura del Santo Evangelio, según San Lucas 17,11-19
Gloria a ti, Señor
Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: "Jesús, maestro, ten compasión de nosotros." Al verlos, les dijo: "Id a presentaros a los sacerdotes." Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: "¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?" Y le dijo: "Levántate, vete; tu fe te ha salvado."
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús
Reflexión:
Siguiendo el trayecto hacia Jerusalén, Jesús debe pasar por Samaria. Allí tiene lugar el encuentro con los diez leprosos. Llama la atención del pasaje el que Jesús envíe a los leprosos ante los sacerdotes? ¿Por qué? En el tiempo del hecho, los leprosos quedaban fuera de la sociedad por causa de su enfermedad, considerada impureza y castigo de Dios. Jesús los restaura tanto física como socialmente, haciendo que los sacerdotes verifiquen y certifiquen la curación. Así se reintegran a la comunidad y recobran su dignidad como seres humanos.
Es interesante notar que uno sólo regresa a glorificar a Dios y agradecer a Jesús, y ése es samaritano. Esto no significa que los otros nueve fueran desagradecidos; simplemente les bastó la Ley de los sacerdotes para seguir con sus vidas. En cambio este samaritano, acostumbrado al desprecio de los judíos, con o sin lepra, es quien da cuenta de la liberación que se realizó en su persona, liberación de la enfermedad y liberación de la Ley por medio de la fe. Reflexionemos sobre las veces en que la Ley y su cumplimiento nos han retenido en la “conformidad”, impidiéndonos experimentar vivencialmente el amor que el Señor nos regala.
Oficio Divino: Tiempo Ordinario. Ciclo A. 9 de noviembre, 2011
Oficio Divino: Tiempo Ordinario. Ciclo A. 9 de noviembre, 2011
TIEMPO ORDINARIO
MIÉRCOLES DE LA SEMANA XXXII
Del Común de la dedicación de una iglesia.
(OFICIO DE LECTURA (6:00); LAUDES (7:00); TERCIA (9:00); SEXTA (12:00); NONA (15:00); VISPERAS (19:00); COMPLETAS (22:00)
LA DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN. (FIESTA)
Según una tradición que arranca del siglo XII, se celebra el día de hoy el aniversario de la dedicación de la basílica construida por el emperador Constantino en el Laterano. Esta celebración fue primero una fiesta de la ciudad de Roma; más tarde se extendió a toda la Iglesia de rito romano, con el fin de honrar aquella basílica, que es llamada «madre y cabeza de todas las iglesias de la Urbe y del Orbe», en señal de amor y de unidad para con la cátedra de Pedro que, como escribió san Ignacio de Antioquía, «preside a todos los congregados en la caridad.»
OFICIO DE LECTURA
Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:
V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza
Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:
Ant. Venid, adoremos a Cristo, que amó a la Iglesia y se entregó por ella.
Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: NUEVA JERUSALÉN Y CIUDAD SANTA
Nueva Jerusalén y ciudad santa,
nuevo Israel, nueva morada
de la comunidad de Dios en Cristo edificada,
Iglesia santa.
Esposa engalanada, con Cristo desposada
por obra del Espíritu en sólida alianza,
divino hogar, fuego de Dios que al mundo inflama,
Iglesia santa.
Edén de Dios y nuevo paraíso,
donde el nuevo Adán recrea a sus hermanos,
donde el «no» del pecador, por pura gracia,
el «si» eterno de amor de Dios alcanza,
Iglesia santa.
Adoremos a Dios omnipotente y a su Espíritu,
que en el Hijo Jesús, Señor constituido,
del hombre que ha caído raza de Dios levanta,
Iglesia santa. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. ¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas.
Salmo 23 - ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
El la fundó sobre los mares,
El la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. ¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas.
Ant. 2. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Salmo 83 - AÑORANZA DEL TEMPLO
¡Qué deseables son tus moradas,
Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
se alegran por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los ejércitos,
Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
al preparar su peregrinación:
cuando atraviesan áridos valles,
los convierten en oasis,
como si la lluvia temprana
los cubriera de bendiciones;
caminan de altura en altura
hasta ver a Dios en Sión.
Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme, Dios de Jacob.
Fíjate, ¡oh Dios!, en nuestro Escudo,
mira el rostro de tu Ungido.
Un solo día en tu casa
vale más que otros mil,
y prefiero el umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados.
Porque el Señor es sol y escudo,
él da la gracia y la gloria,
el Señor no niega sus bienes
a los de conducta intachable.
¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre
que confía en ti!
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Ant. 3. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Salmo 86 - HIMNO A JERUSALÉN, MADRE DE TODOS LOS PUEBLOS.
Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
«Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí.»
Se dirá de Sión: «Uno por uno
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado.»
El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí.»
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti.»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
V. Me postraré hacia tu santuario.
R. Daré gracias a tu nombre, Señor.
PRIMERA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pedro 2, 1-17
COMO PIEDRAS VIVAS, ENTRÁIS EN LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO DEL ESPÍRITU
Hermanos: Después de haberos despojado de toda maldad y de toda falsedad, de las hipocresías y envidias, y de toda clase de murmuración, apeteced, como niños recién nacidos, la leche pura espiritual. Con ella podréis crecer hasta alcanzar la salvación, si es que realmente habéis saboreado lo bueno que es el Señor.
Acercándoos al Señor, la piedra viva, rechazada por los hombres, pero escogida y apreciada por Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. Por eso se lee en la Escritura: «Ved que pongo en Sión una piedra angular escogida y preciosa. y quien tenga fe en ella no será defraudado.»
Por consiguiente, a vosotros, que tenéis fe, os corresponde el honor; mas, para los que no tienen fe, «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular, y ha venido a ser piedra de tropiezo y roca de escándalo», y tropiezan en ella porque no tienen fe en la palabra de Cristo, para la cual estaban destinados.
Vosotros, en cambio, sois «linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa». Vosotros, que en otro tiempo «no erais pueblo», sois ahora «pueblo de Dios»; vosotros, que estabais «excluidos de la misericordia», sois ahora «objeto de la misericordia de Dios».
Hermanos, os exhorto a que, como forasteros y peregrinos que sois, os abstengáis de las pasiones terrenas que hacen guerra al alma. Observad entre los gentiles una conducta ejemplar. Así, por aquello mismo en que os calumnian como a malhechores, darán gloria a Dios, cuando vean y consideren vuestras buenas obras, el día en que él venga a «visitarlos» con su gracia.
Sed sumisos a toda humana autoridad a causa del Señor: ya sea al soberano, en cuanto que tiene el mando; o bien a los gobernadores, como delegados suyos que son para castigar a los malhechores y para alabanza de los hombres de bien. Porque ésta es la voluntad de Dios: que, obrando el bien, hagáis callar a la ignorancia de los hombres insensatos. Portaos en esto como hombres libres, no como quienes se sirven de la libertad sólo para ocultar su maldad, sino como conviene a los que son siervos de Dios. Sed deferentes con todos, amad a vuestros hermanos, temed a Dios y honrad al soberano;
RESPONSORIO Cf. Ap 21, 19; Tb 13, 21
R. Las murallas de Jerusalén serán adornadas con piedras preciosas. * Y sus torres serán batidas con oro.
V. Las puertas de Jerusalén serán rehechas con zafiros y esmeraldas, y con piedras preciosas sus murallas.
R. Y sus torres serán batidas con oro.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san Cesáreo de Arlés, obispo.
(Sermón 229, 1-3: CCL 104, 905-908)
TODOS, POR EL BAUTISMO, HEMOS SIDO HECHOS TEMPLOS DE DIOS.
Hoy, hermanos muy amados, celebramos con gozo y alegría, por la benignidad de Cristo, la dedicación de este templo; pero nosotros debemos ser el templo vivo y verdadero de Dios. Con razón, sin embargo, celebran los pueblos cristianos la solemnidad de la Iglesia madre, ya que son conscientes de que por ella han renacido espiritualmente. En efecto, nosotros, que por nuestro primer nacimiento fuimos objeto de la ira de Dios, por el segundo hemos llegado a ser objeto de su misericordia. El primer nacimiento fue para muerte; el segundo nos restituyó a la vida.
Todos nosotros, amadísimos, antes del bautismo fuimos lugar en donde habitaba el demonio; después del bautismo nos convertimos en templos de Cristo. Y, si pensamos con atención en lo que atañe a la salvación de nuestras almas, tomamos conciencia de nuestra condición de templos verdaderos y vivos de Dios. Dios habita no sólo en templos levantados por los hombres ni en casas hechas de piedra y de madera, sino principalmente en el alma hecha a imagen de Dios y construida por él mismo, que es su arquitecto. Por esto dice el apóstol Pablo: El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
Y, ya que Cristo, con su venida, arrojó de nuestros corazones al demonio para prepararse un templo en nosotros, esforcémonos al máximo, con su ayuda, para que Cristo no sea deshonrado en nosotros por nuestras malas obras. Porque todo el que obra mal deshonra a Cristo. Como antes he dicho, antes de que Cristo nos redimiera éramos casa del demonio; después hemos llegado a ser casa de Dios, ya que Dios se ha dignado hacer de nosotros una casa para sí.
Por esto, nosotros, carísimos, si queremos celebrar con alegría la dedicación del templo, no debemos destruir en nosotros, con nuestras malas obras, el templo vivo de Dios. Lo diré de una manera inteligible para todos: debemos disponer nuestras almas del mismo modo como deseamos encontrar dispuesta la iglesia cuando venimos a ella.
¿Deseas encontrar limpia la basílica? Pues no ensucies tu alma con el pecado. Si deseas que la basílica esté bien iluminada, Dios desea también que tu alma no esté en tinieblas, sino que sea verdad lo que dice el Señor: que brille en nosotros la luz de las buenas obras y sea glorificado aquel que está en los cielos. Del mismo modo que tú entras en esta iglesia, así quiere Dios entrar en tu alma, como tiene prometido: Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos.
RESPONSORIO Cf. Ez 47, 1. 9
R. Vi que debajo del umbral del templo salía agua, la cual se deslizaba hacia el lado derecho, aleluya; y todos aquellos a quienes llegó esta agua * tuvieron vida abundante y cantaban: «Aleluya, aleluya.»
V. En la dedicación del templo el pueblo entonaba alabanzas, y resonaba en su boca un bello canto.
R. Tuvieron vida abundante y cantaban: «Aleluya, aleluya.»
Himno: SEÑOR, DIOS ETERNO
Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.
Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:
Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.
A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:
Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
santo Espíritu de amor y de consuelo.
Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.
Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.
Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.
Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.
Tú vendrás algún día,
como juez universal.
Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.
Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y elegidos.
La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.
Sé su pastor,
y guíalos por siempre.
Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.
Dígnate, Señor,
guardarnos de pecado en este día.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado.
ORACIÓN.
OREMOS,
Señor, tú que con piedras vivas y elegidas edificas el templo eterno de tu gloria: acrecienta los dones que el Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pueblo fiel, creciendo como cuerpo de Cristo, llegue a ser la nueva y definitiva Jerusalén. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
Of La Tr Sx Nn Vs Cm
LAUDES
(Oración de la mañana)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
INVITATORIO
Ant. Venid, adoremos a Cristo, que amó a la Iglesia y se entregó por ella.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Himno: EL CIELO Y LA TIERRA.
El cielo y la tierra
celebren, aplaudan
a la Iglesia, esposa
sin arruga y mancha.
Descienda a nosotros
la ciudad sagrada,
en que todo es nuevo
y de rica gala.
En piedras preciosas
está cimentada,
y bien construida
en brillos de gracia.
Las piedras preciosas
que están a su entrada
muestran la hermosura
de esta casa santa.
Descienda a nosotros
esta santa casa,
que hizo el Rey eterno
para su morada. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Mi casa se llama casa de oración.
SALMO 62, 2-9 - EL ALMA SEDIENTA DE DIOS
¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.
En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Mi casa se llama casa de oración.
Ant. 2. Bendito eres, Señor, en el templo de tu santa gloria.
Cántico: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR - Dn 3, 57-88. 56
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.
No se dice Gloria al Padre.
Ant. Bendito eres, Señor, en el templo de tu santa gloria.
Ant. 3. Cantad al Señor en la asamblea de los fieles.
Salmo 149 - ALEGRÍA DE LOS SANTOS
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:
para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.
Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Cantad al Señor en la asamblea de los fieles.
LECTURA BREVE Is 56, 7
Los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración; aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración y así la llamarán todos los pueblos.
RESPONSORIO BREVE
V. Grande es el Señor y muy digno de alabanza.
R. Grande es el Señor y muy digno de alabanza.
V. En la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo.
R. Muy digno de alabanza.
V. Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo
R. Grande es el Señor y muy digno de alabanza.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó en seguida, y lo recibió muy contento. «Hoy Dios ha dado la salvación a esta casa.» Aleluya.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó en seguida, y lo recibió muy contento. «Hoy Dios ha dado la salvación a esta casa.» Aleluya.
PRECES
Como piedras vivas, edificadas sobre Cristo, la piedra escogida, oremos al Padre todopoderoso por su Iglesia amada, y confesemos nuestra fe en ella diciendo:
Ésta es la casa de Dios y la puerta del cielo.
Padre del cielo, tú que eres el labrador de la vid, guarda, purifica y acrecienta tu viña,
haciendo que sus sarmientos llenen toda la tierra.
Pastor eterno, protege y acrecienta tu rebaño,
y haz que todas las ovejas se reúnan en un solo redil bajo el cayado del único pastor, Jesucristo, tu Hijo.
Sembrador todopoderoso, siembra la Palabra en tu campo,
y haz que dé frutos del ciento por uno para la vida eterna.
Arquitecto prudente, santifica tu familia, que es la Iglesia,
y haz que aparezca ante el mundo como ciudad celestial, esposa sin tacha y Jerusalén del cielo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Terminemos nuestra oración con las palabras que Cristo nos enseñó:
Padre nuestro...
ORACIÓN
Señor, tú que con piedras vivas y elegidas edificas el templo eterno de tu gloria: acrecienta los dones que el Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pueblo fiel, creciendo como cuerpo de Cristo, llegue a ser la nueva y definitiva Jerusalén. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Of La Tr Sx Nn Vs Cm
HORA TERCIA
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: EL TRABAJO, SEÑOR, DE CADA DÍA
El trabajo, Señor, de cada día
nos sea por tu amor santificado,
convierte su dolor en alegría
de amor, que para dar tú nos has dado.
Paciente y larga es nuestra tarea
en la noche oscura del amor que espera;
dulce huésped del alma, al que flaquea
dale tu luz, tu fuerza que aligera.
En el alto gozoso del camino,
demos gracias a Dios, que nos concede
la esperanza sin fin del don divino;
todo lo puede en él quien nada puede. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. A ti grito, Señor; espero tus palabras.
Salmo 118, 145-152
Te invoco de todo corazón;
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.
Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. A ti grito, Señor; espero tus palabras.
Ant. 2. El Señor sabe que los pensamientos del hombre son insustanciales.
Salmo 93 I - INVOCACIÓN A LA JUSTICIA DE DIOS CONTRA LOS OPRESORES
Dios de la venganza, Señor,
Dios de la venganza, resplandece.
Levántate, juzga la tierra,
paga su merecido a los soberbios.
¿Hasta cuándo, Señor, los culpables,
hasta cuándo triunfarán los culpables?
Sueltan la lengua profiriendo insolencias,
se jactan los malhechores;
trituran, Señor, a tu pueblo,
oprimen a tu heredad;
asesinan a viudas y forasteros
degüellan a los huérfanos,
y comentan: «Dios no lo ve,
el Dios de Jacob no se entera.»
Enteraos los más necios del pueblo,
ignorantes, ¿cuándo discurriréis?
El que plantó el oído, ¿no va a oír?;
el que formó el ojo, ¿no va a ver?;
el que educa a los pueblos, ¿no va a castigar?;
el que instruye al hombre, ¿no va a saber?
Sabe el Señor que los pensamientos del hombre
son insustanciales.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor sabe que los pensamientos del hombre son insustanciales.
Ant. 3. El Señor será mi alcázar y mi roca de refugio.
Salmo 93 II
Dichoso el hombre a quien tú educas,
al que enseñas tu ley,
dándole descanso tras los años duros,
mientras al malvado le cavan la fosa.
Porque el Señor no rechaza a su pueblo,
ni abandona su heredad:
el justo obtendrá su derecho,
y un porvenir los rectos de corazón.
¿Quién se pone a mi favor contra los perversos,
quién se coloca a mi lado frente a los malhechores?
Si el Señor no me hubiera auxiliado,
ya estaría yo habitando en el silencio.
Cuando me parece que voy a tropezar,
tu misericordia Señor, me sostiene;
cuando se multiplican mis preocupaciones,
tus consuelos son mi delicia.
¿Podrá aliarse contigo un tribunal inicuo
que dicta injusticias en hombre de la ley?
Aunque atenten contra la vida del justo
y condenen a muerte al inocente,
el Señor será mi alcázar,
Dios será mi roca de refugio.
Él les pagará su iniquidad,
los destruirá por sus maldades,
los destruirá el Señor nuestro Dios.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor será mi alcázar y mi roca de refugio.
LECTURA BREVE 1Co 3, 16-17
¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
V. Señor, yo amo la belleza de tu casa.
R. El lugar donde reside tu gloria.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor, tú que con piedras vivas y elegidas edificas el templo eterno de tu gloria: acrecienta los dones que el Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pueblo fiel, creciendo como cuerpo de Cristo, llegue a ser la nueva y definitiva Jerusalén. Por Cristo nuestro Señor.
Amén
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
Of La Tr Sx Nn Vs Cm
HORA SEXTA
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: EL PAN DE CADA DÍA
El pan de cada día
dánoslo hoy, Señor, a manos llenas;
convierte en alegría
nuestras labores buenas
y acaricia el dolor de nuestras penas.
¡Horas de tedio largas
sin la presencia buena de tus manos!
¡Ay, las horas amargas
nos vuelven inhumanos,
si no abrimos el alma a los hermanos!
Santifica el momento
de este ruido tenaz, de esta fatiga.
Busquemos el aliento
de tu presencia amiga
que acreciente el esfuerzo y nos bendiga. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Tú que habitas en el cielo, ten misericordia de nosotros.
Salmo 122 - EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO
A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,
como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.
Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Tú que habitas en el cielo, ten misericordia de nosotros.
Ant. 2. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
Salmo 123 - NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR
Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que lo diga Israel-,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.
Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.
Bendito el Señor, que no nos entregó
como presa a sus dientes;
hemos salvado la vida como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió y escapamos.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
Ant. 3. El Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.
Salmo 124 - EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO.
Los que confían en el Señor son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.
Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.
No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.
Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.
LECTURA BREVE 2Co 6, 16
Nosotros somos templo de Dios vivo, como dijo Dios: «Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.»
V. Desead la paz a Jerusalén.
R. Vivan seguros los que te aman.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor, tú que con piedras vivas y elegidas edificas el templo eterno de tu gloria: acrecienta los dones que el Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pueblo fiel, creciendo como cuerpo de Cristo, llegue a ser la nueva y definitiva Jerusalén. Por Cristo nuestro Señor.
Amén
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
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HORA NONA
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: FUNDAMENTO DE TODO LO QUE EXISTE
Fundamento de todo lo que existe,
de tu pueblo elegido eterna roca,
de los tiempos Señor, que prometiste
dar tu vigor al que con fe te invoca.
Mira al hombre que es fiel y no te olvida,
tu Espíritu, tu paz háganlo fuerte
para amarte y servirte en esta vida
y gozarte después de santa muerte.
Jesús, Hijo del Padre, ven aprisa
en este atardecer que se avecina,
serena claridad y dulce brisa
será tu amor que todo lo domina. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Salmo 125 - DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA.
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Ant. 2. El Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.
Salmo 126 - EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS.
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.
Ant. 3. Dichoso el que teme al Señor.
Salmo 127 - PAZ DOMÉSTICA EN EL HOGAR DEL JUSTO
¡Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien;
tu mujer, como una vid fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa:
ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida;
que veas a los hijos de tus hijos.
¡Paz a Israel!
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Dichoso el que teme al Señor.
LECTURA BREVE Jr 7, 2b. 4-5a. 7a
¡Escucha, Judá, la palabra del Señor, los que entráis por estas puertas para adorar al Señor! No os creáis seguros con palabras engañosas, repitiendo: «Es el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor.» Si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones, entonces habitaré con vosotros en este lugar.
V. Entrad por las puertas del Señor con acción de gracias.
R. Por sus atrios con himnos.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor, tú que con piedras vivas y elegidas edificas el templo eterno de tu gloria: acrecienta los dones que el Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pueblo fiel, creciendo como cuerpo de Cristo, llegue a ser la nueva y definitiva Jerusalén. Por Cristo nuestro Señor.
Amén
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
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VÍSPERAS
Oración de la tarde
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: ALTA CIUDAD DE PIEDRAS VIVAS.
Alta ciudad de piedras vivas,
Jerusalén;
visión de paz y cielos nuevos,
ciudad del Rey.
Tus puertas se abren jubilosas,
visión de paz,
y penetran los ríos de tus santos
hasta el altar.
Baluartes y murallas de oro,
Jerusalén;
tus calles, gemas y zafiros,
ciudad del Rey.
Jerusalén, Iglesia viva
de eternidad;
hacia ti caminan los hombres,
sin descansar.
Alta ciudad del Cristo vivo,
que es nuestro hogar,
al que volveremos, ya cansados
de caminar.
Cielos nuevos y tierra nueva,
Jerusalén;
morada de Dios Trino y Uno.
Amén,amén.
SALMODIA
Ant. 1. El Altísimo consagra su morada; teniendo a Dios en medio, no vacila.
Salmo 45 - DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra
y los montes se desplomen en el mar.
Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.
Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su trueno y se tambalea la tierra.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.
«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos, más alto que la tierra.»
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. El Altísimo consagra su morada; teniendo a Dios en medio, no vacila.
Ant. 2. Vamos alegres a la casa del Señor.
Salmo 121 - LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Vamos alegres a la casa del Señor.
Ant. 3. Alabad al Señor, nuestro Dios, todos sus santos.
Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO - Cf. Ap 19,1-2, 5-7
El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.
Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que les teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Alabad al Señor, nuestro Dios, todos sus santos.
LECTURA BREVE Ap 21,2-3. 22. 27
Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios con los hombres, y acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo y Dios estará con ellos.» Pero no vi santuario alguno en ella; porque el Señor, Dios todopoderoso, y el Cordero, es su santuario. Nada profano entrará en ella, ni los que cometen abominación y mentira, sino solamente los inscritos en el libro de la vida del Cordero.
RESPONSORIO BREVE
V. Dichosos, Señor, los que habitan en tu casa.
R. Dichosos, Señor, los que habitan en tu casa.
V. Alabándote siempre.
R. En tu casa.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Dichosos, Señor los, que habitan en tu casa.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Santificó el Señor su tabernáculo, porque ésta es la casa de Dios, donde se invoca su nombre, del cual está escrito: «Mi nombre habitará allí», dice el Señor.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Santificó el Señor su tabernáculo, porque ésta es la casa de Dios, donde se invoca su nombre, del cual está escrito: «Mi nombre habitará allí», dice el Señor.
PRECES
Oremos, hermanos, a nuestro Salvador, que dio su vida para reunir a los hijos de Dios dispersos, y digámosle:
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Señor Jesús, que cimentaste tu casa en la roca,
confirma y robustece la fe y la esperanza de tu Iglesia.
Señor Jesús, de cuyo costado salió sangre y agua,
renueva la Iglesia con los sacramentos de la nueva y eterna alianza.
Señor Jesús, que estás en medio de los que se reúnen en tu nombre,
atiende la oración unánime de tu Iglesia congregada.
Señor Jesús, que con el Padre haces morada en los que te aman,
perfecciona a tu Iglesia por la caridad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Señor Jesús, que no echas fuera a ninguno de los que vienen a ti,
acoge a todos los difuntos en la mansión del Padre.
Terminemos nuestra oración con las palabras qué Cristo nos enseñó:
Padre nuestro...
ORACIÓN
Señor, tú que con piedras vivas y elegidas edificas el templo eterno de tu gloria: acrecienta los dones que el Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pueblo fiel, creciendo como cuerpo de Cristo, llegue a ser la nueva y definitiva Jerusalén. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Of La Tr Sx Nn Vs Cm
COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
EXAMEN DE CONCIENCIA
Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Himno: CUANDO LA LUZ DEL SOL ES YA PONIENTE
Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.
Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.
Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.
Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.
Salmo 30 - SÚPLICA CONFIADA Y ACCIÓN DE GRACIAS.
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;
ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
En tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.
Ant. 2. Desde lo hondo a ti grito, Señor.
Salmo 129 - DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR.
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Desde lo hondo a ti grito, Señor.
LECTURA BREVE Ef 4,26-27
No lleguéis a pecar; que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo. No dejéis lugar al diablo.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor Jesucristo, tú que eres manso y humilde de corazón ofreces a los que vienen a ti un yugo llevadero y una carga ligera; dígnate, pues, aceptar los deseos y las acciones del día que hemos terminado: que podamos descansar durante la noche para que así, renovado nuestro cuerpo y nuestro espíritu, perseveremos constantes en tu servicio. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén
BENDICIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos , gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clemente, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!
Of La Tr Sx Nn Vs Cm
TIEMPO ORDINARIO
MIÉRCOLES DE LA SEMANA XXXII
Del Común de la dedicación de una iglesia.
(OFICIO DE LECTURA (6:00); LAUDES (7:00); TERCIA (9:00); SEXTA (12:00); NONA (15:00); VISPERAS (19:00); COMPLETAS (22:00)
LA DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN. (FIESTA)
Según una tradición que arranca del siglo XII, se celebra el día de hoy el aniversario de la dedicación de la basílica construida por el emperador Constantino en el Laterano. Esta celebración fue primero una fiesta de la ciudad de Roma; más tarde se extendió a toda la Iglesia de rito romano, con el fin de honrar aquella basílica, que es llamada «madre y cabeza de todas las iglesias de la Urbe y del Orbe», en señal de amor y de unidad para con la cátedra de Pedro que, como escribió san Ignacio de Antioquía, «preside a todos los congregados en la caridad.»
OFICIO DE LECTURA
Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:
V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza
Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:
Ant. Venid, adoremos a Cristo, que amó a la Iglesia y se entregó por ella.
Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: NUEVA JERUSALÉN Y CIUDAD SANTA
Nueva Jerusalén y ciudad santa,
nuevo Israel, nueva morada
de la comunidad de Dios en Cristo edificada,
Iglesia santa.
Esposa engalanada, con Cristo desposada
por obra del Espíritu en sólida alianza,
divino hogar, fuego de Dios que al mundo inflama,
Iglesia santa.
Edén de Dios y nuevo paraíso,
donde el nuevo Adán recrea a sus hermanos,
donde el «no» del pecador, por pura gracia,
el «si» eterno de amor de Dios alcanza,
Iglesia santa.
Adoremos a Dios omnipotente y a su Espíritu,
que en el Hijo Jesús, Señor constituido,
del hombre que ha caído raza de Dios levanta,
Iglesia santa. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. ¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas.
Salmo 23 - ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
El la fundó sobre los mares,
El la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. ¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas.
Ant. 2. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Salmo 83 - AÑORANZA DEL TEMPLO
¡Qué deseables son tus moradas,
Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
se alegran por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los ejércitos,
Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
al preparar su peregrinación:
cuando atraviesan áridos valles,
los convierten en oasis,
como si la lluvia temprana
los cubriera de bendiciones;
caminan de altura en altura
hasta ver a Dios en Sión.
Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme, Dios de Jacob.
Fíjate, ¡oh Dios!, en nuestro Escudo,
mira el rostro de tu Ungido.
Un solo día en tu casa
vale más que otros mil,
y prefiero el umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados.
Porque el Señor es sol y escudo,
él da la gracia y la gloria,
el Señor no niega sus bienes
a los de conducta intachable.
¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre
que confía en ti!
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Ant. 3. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Salmo 86 - HIMNO A JERUSALÉN, MADRE DE TODOS LOS PUEBLOS.
Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
«Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí.»
Se dirá de Sión: «Uno por uno
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado.»
El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí.»
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti.»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
V. Me postraré hacia tu santuario.
R. Daré gracias a tu nombre, Señor.
PRIMERA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pedro 2, 1-17
COMO PIEDRAS VIVAS, ENTRÁIS EN LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO DEL ESPÍRITU
Hermanos: Después de haberos despojado de toda maldad y de toda falsedad, de las hipocresías y envidias, y de toda clase de murmuración, apeteced, como niños recién nacidos, la leche pura espiritual. Con ella podréis crecer hasta alcanzar la salvación, si es que realmente habéis saboreado lo bueno que es el Señor.
Acercándoos al Señor, la piedra viva, rechazada por los hombres, pero escogida y apreciada por Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. Por eso se lee en la Escritura: «Ved que pongo en Sión una piedra angular escogida y preciosa. y quien tenga fe en ella no será defraudado.»
Por consiguiente, a vosotros, que tenéis fe, os corresponde el honor; mas, para los que no tienen fe, «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular, y ha venido a ser piedra de tropiezo y roca de escándalo», y tropiezan en ella porque no tienen fe en la palabra de Cristo, para la cual estaban destinados.
Vosotros, en cambio, sois «linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa». Vosotros, que en otro tiempo «no erais pueblo», sois ahora «pueblo de Dios»; vosotros, que estabais «excluidos de la misericordia», sois ahora «objeto de la misericordia de Dios».
Hermanos, os exhorto a que, como forasteros y peregrinos que sois, os abstengáis de las pasiones terrenas que hacen guerra al alma. Observad entre los gentiles una conducta ejemplar. Así, por aquello mismo en que os calumnian como a malhechores, darán gloria a Dios, cuando vean y consideren vuestras buenas obras, el día en que él venga a «visitarlos» con su gracia.
Sed sumisos a toda humana autoridad a causa del Señor: ya sea al soberano, en cuanto que tiene el mando; o bien a los gobernadores, como delegados suyos que son para castigar a los malhechores y para alabanza de los hombres de bien. Porque ésta es la voluntad de Dios: que, obrando el bien, hagáis callar a la ignorancia de los hombres insensatos. Portaos en esto como hombres libres, no como quienes se sirven de la libertad sólo para ocultar su maldad, sino como conviene a los que son siervos de Dios. Sed deferentes con todos, amad a vuestros hermanos, temed a Dios y honrad al soberano;
RESPONSORIO Cf. Ap 21, 19; Tb 13, 21
R. Las murallas de Jerusalén serán adornadas con piedras preciosas. * Y sus torres serán batidas con oro.
V. Las puertas de Jerusalén serán rehechas con zafiros y esmeraldas, y con piedras preciosas sus murallas.
R. Y sus torres serán batidas con oro.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san Cesáreo de Arlés, obispo.
(Sermón 229, 1-3: CCL 104, 905-908)
TODOS, POR EL BAUTISMO, HEMOS SIDO HECHOS TEMPLOS DE DIOS.
Hoy, hermanos muy amados, celebramos con gozo y alegría, por la benignidad de Cristo, la dedicación de este templo; pero nosotros debemos ser el templo vivo y verdadero de Dios. Con razón, sin embargo, celebran los pueblos cristianos la solemnidad de la Iglesia madre, ya que son conscientes de que por ella han renacido espiritualmente. En efecto, nosotros, que por nuestro primer nacimiento fuimos objeto de la ira de Dios, por el segundo hemos llegado a ser objeto de su misericordia. El primer nacimiento fue para muerte; el segundo nos restituyó a la vida.
Todos nosotros, amadísimos, antes del bautismo fuimos lugar en donde habitaba el demonio; después del bautismo nos convertimos en templos de Cristo. Y, si pensamos con atención en lo que atañe a la salvación de nuestras almas, tomamos conciencia de nuestra condición de templos verdaderos y vivos de Dios. Dios habita no sólo en templos levantados por los hombres ni en casas hechas de piedra y de madera, sino principalmente en el alma hecha a imagen de Dios y construida por él mismo, que es su arquitecto. Por esto dice el apóstol Pablo: El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
Y, ya que Cristo, con su venida, arrojó de nuestros corazones al demonio para prepararse un templo en nosotros, esforcémonos al máximo, con su ayuda, para que Cristo no sea deshonrado en nosotros por nuestras malas obras. Porque todo el que obra mal deshonra a Cristo. Como antes he dicho, antes de que Cristo nos redimiera éramos casa del demonio; después hemos llegado a ser casa de Dios, ya que Dios se ha dignado hacer de nosotros una casa para sí.
Por esto, nosotros, carísimos, si queremos celebrar con alegría la dedicación del templo, no debemos destruir en nosotros, con nuestras malas obras, el templo vivo de Dios. Lo diré de una manera inteligible para todos: debemos disponer nuestras almas del mismo modo como deseamos encontrar dispuesta la iglesia cuando venimos a ella.
¿Deseas encontrar limpia la basílica? Pues no ensucies tu alma con el pecado. Si deseas que la basílica esté bien iluminada, Dios desea también que tu alma no esté en tinieblas, sino que sea verdad lo que dice el Señor: que brille en nosotros la luz de las buenas obras y sea glorificado aquel que está en los cielos. Del mismo modo que tú entras en esta iglesia, así quiere Dios entrar en tu alma, como tiene prometido: Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos.
RESPONSORIO Cf. Ez 47, 1. 9
R. Vi que debajo del umbral del templo salía agua, la cual se deslizaba hacia el lado derecho, aleluya; y todos aquellos a quienes llegó esta agua * tuvieron vida abundante y cantaban: «Aleluya, aleluya.»
V. En la dedicación del templo el pueblo entonaba alabanzas, y resonaba en su boca un bello canto.
R. Tuvieron vida abundante y cantaban: «Aleluya, aleluya.»
Himno: SEÑOR, DIOS ETERNO
Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.
Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:
Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.
A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:
Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
santo Espíritu de amor y de consuelo.
Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.
Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.
Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.
Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.
Tú vendrás algún día,
como juez universal.
Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.
Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y elegidos.
La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.
Sé su pastor,
y guíalos por siempre.
Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.
Dígnate, Señor,
guardarnos de pecado en este día.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado.
ORACIÓN.
OREMOS,
Señor, tú que con piedras vivas y elegidas edificas el templo eterno de tu gloria: acrecienta los dones que el Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pueblo fiel, creciendo como cuerpo de Cristo, llegue a ser la nueva y definitiva Jerusalén. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
Of La Tr Sx Nn Vs Cm
LAUDES
(Oración de la mañana)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
INVITATORIO
Ant. Venid, adoremos a Cristo, que amó a la Iglesia y se entregó por ella.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Himno: EL CIELO Y LA TIERRA.
El cielo y la tierra
celebren, aplaudan
a la Iglesia, esposa
sin arruga y mancha.
Descienda a nosotros
la ciudad sagrada,
en que todo es nuevo
y de rica gala.
En piedras preciosas
está cimentada,
y bien construida
en brillos de gracia.
Las piedras preciosas
que están a su entrada
muestran la hermosura
de esta casa santa.
Descienda a nosotros
esta santa casa,
que hizo el Rey eterno
para su morada. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Mi casa se llama casa de oración.
SALMO 62, 2-9 - EL ALMA SEDIENTA DE DIOS
¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.
En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Mi casa se llama casa de oración.
Ant. 2. Bendito eres, Señor, en el templo de tu santa gloria.
Cántico: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR - Dn 3, 57-88. 56
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.
No se dice Gloria al Padre.
Ant. Bendito eres, Señor, en el templo de tu santa gloria.
Ant. 3. Cantad al Señor en la asamblea de los fieles.
Salmo 149 - ALEGRÍA DE LOS SANTOS
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:
para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.
Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Cantad al Señor en la asamblea de los fieles.
LECTURA BREVE Is 56, 7
Los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración; aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración y así la llamarán todos los pueblos.
RESPONSORIO BREVE
V. Grande es el Señor y muy digno de alabanza.
R. Grande es el Señor y muy digno de alabanza.
V. En la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo.
R. Muy digno de alabanza.
V. Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo
R. Grande es el Señor y muy digno de alabanza.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó en seguida, y lo recibió muy contento. «Hoy Dios ha dado la salvación a esta casa.» Aleluya.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó en seguida, y lo recibió muy contento. «Hoy Dios ha dado la salvación a esta casa.» Aleluya.
PRECES
Como piedras vivas, edificadas sobre Cristo, la piedra escogida, oremos al Padre todopoderoso por su Iglesia amada, y confesemos nuestra fe en ella diciendo:
Ésta es la casa de Dios y la puerta del cielo.
Padre del cielo, tú que eres el labrador de la vid, guarda, purifica y acrecienta tu viña,
haciendo que sus sarmientos llenen toda la tierra.
Pastor eterno, protege y acrecienta tu rebaño,
y haz que todas las ovejas se reúnan en un solo redil bajo el cayado del único pastor, Jesucristo, tu Hijo.
Sembrador todopoderoso, siembra la Palabra en tu campo,
y haz que dé frutos del ciento por uno para la vida eterna.
Arquitecto prudente, santifica tu familia, que es la Iglesia,
y haz que aparezca ante el mundo como ciudad celestial, esposa sin tacha y Jerusalén del cielo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Terminemos nuestra oración con las palabras que Cristo nos enseñó:
Padre nuestro...
ORACIÓN
Señor, tú que con piedras vivas y elegidas edificas el templo eterno de tu gloria: acrecienta los dones que el Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pueblo fiel, creciendo como cuerpo de Cristo, llegue a ser la nueva y definitiva Jerusalén. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
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HORA TERCIA
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: EL TRABAJO, SEÑOR, DE CADA DÍA
El trabajo, Señor, de cada día
nos sea por tu amor santificado,
convierte su dolor en alegría
de amor, que para dar tú nos has dado.
Paciente y larga es nuestra tarea
en la noche oscura del amor que espera;
dulce huésped del alma, al que flaquea
dale tu luz, tu fuerza que aligera.
En el alto gozoso del camino,
demos gracias a Dios, que nos concede
la esperanza sin fin del don divino;
todo lo puede en él quien nada puede. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. A ti grito, Señor; espero tus palabras.
Salmo 118, 145-152
Te invoco de todo corazón;
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.
Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. A ti grito, Señor; espero tus palabras.
Ant. 2. El Señor sabe que los pensamientos del hombre son insustanciales.
Salmo 93 I - INVOCACIÓN A LA JUSTICIA DE DIOS CONTRA LOS OPRESORES
Dios de la venganza, Señor,
Dios de la venganza, resplandece.
Levántate, juzga la tierra,
paga su merecido a los soberbios.
¿Hasta cuándo, Señor, los culpables,
hasta cuándo triunfarán los culpables?
Sueltan la lengua profiriendo insolencias,
se jactan los malhechores;
trituran, Señor, a tu pueblo,
oprimen a tu heredad;
asesinan a viudas y forasteros
degüellan a los huérfanos,
y comentan: «Dios no lo ve,
el Dios de Jacob no se entera.»
Enteraos los más necios del pueblo,
ignorantes, ¿cuándo discurriréis?
El que plantó el oído, ¿no va a oír?;
el que formó el ojo, ¿no va a ver?;
el que educa a los pueblos, ¿no va a castigar?;
el que instruye al hombre, ¿no va a saber?
Sabe el Señor que los pensamientos del hombre
son insustanciales.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor sabe que los pensamientos del hombre son insustanciales.
Ant. 3. El Señor será mi alcázar y mi roca de refugio.
Salmo 93 II
Dichoso el hombre a quien tú educas,
al que enseñas tu ley,
dándole descanso tras los años duros,
mientras al malvado le cavan la fosa.
Porque el Señor no rechaza a su pueblo,
ni abandona su heredad:
el justo obtendrá su derecho,
y un porvenir los rectos de corazón.
¿Quién se pone a mi favor contra los perversos,
quién se coloca a mi lado frente a los malhechores?
Si el Señor no me hubiera auxiliado,
ya estaría yo habitando en el silencio.
Cuando me parece que voy a tropezar,
tu misericordia Señor, me sostiene;
cuando se multiplican mis preocupaciones,
tus consuelos son mi delicia.
¿Podrá aliarse contigo un tribunal inicuo
que dicta injusticias en hombre de la ley?
Aunque atenten contra la vida del justo
y condenen a muerte al inocente,
el Señor será mi alcázar,
Dios será mi roca de refugio.
Él les pagará su iniquidad,
los destruirá por sus maldades,
los destruirá el Señor nuestro Dios.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor será mi alcázar y mi roca de refugio.
LECTURA BREVE 1Co 3, 16-17
¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
V. Señor, yo amo la belleza de tu casa.
R. El lugar donde reside tu gloria.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor, tú que con piedras vivas y elegidas edificas el templo eterno de tu gloria: acrecienta los dones que el Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pueblo fiel, creciendo como cuerpo de Cristo, llegue a ser la nueva y definitiva Jerusalén. Por Cristo nuestro Señor.
Amén
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
Of La Tr Sx Nn Vs Cm
HORA SEXTA
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: EL PAN DE CADA DÍA
El pan de cada día
dánoslo hoy, Señor, a manos llenas;
convierte en alegría
nuestras labores buenas
y acaricia el dolor de nuestras penas.
¡Horas de tedio largas
sin la presencia buena de tus manos!
¡Ay, las horas amargas
nos vuelven inhumanos,
si no abrimos el alma a los hermanos!
Santifica el momento
de este ruido tenaz, de esta fatiga.
Busquemos el aliento
de tu presencia amiga
que acreciente el esfuerzo y nos bendiga. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Tú que habitas en el cielo, ten misericordia de nosotros.
Salmo 122 - EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO
A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,
como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.
Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Tú que habitas en el cielo, ten misericordia de nosotros.
Ant. 2. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
Salmo 123 - NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR
Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que lo diga Israel-,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.
Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.
Bendito el Señor, que no nos entregó
como presa a sus dientes;
hemos salvado la vida como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió y escapamos.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
Ant. 3. El Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.
Salmo 124 - EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO.
Los que confían en el Señor son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.
Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.
No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.
Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.
LECTURA BREVE 2Co 6, 16
Nosotros somos templo de Dios vivo, como dijo Dios: «Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.»
V. Desead la paz a Jerusalén.
R. Vivan seguros los que te aman.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor, tú que con piedras vivas y elegidas edificas el templo eterno de tu gloria: acrecienta los dones que el Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pueblo fiel, creciendo como cuerpo de Cristo, llegue a ser la nueva y definitiva Jerusalén. Por Cristo nuestro Señor.
Amén
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
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HORA NONA
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: FUNDAMENTO DE TODO LO QUE EXISTE
Fundamento de todo lo que existe,
de tu pueblo elegido eterna roca,
de los tiempos Señor, que prometiste
dar tu vigor al que con fe te invoca.
Mira al hombre que es fiel y no te olvida,
tu Espíritu, tu paz háganlo fuerte
para amarte y servirte en esta vida
y gozarte después de santa muerte.
Jesús, Hijo del Padre, ven aprisa
en este atardecer que se avecina,
serena claridad y dulce brisa
será tu amor que todo lo domina. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Salmo 125 - DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA.
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Ant. 2. El Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.
Salmo 126 - EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS.
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.
Ant. 3. Dichoso el que teme al Señor.
Salmo 127 - PAZ DOMÉSTICA EN EL HOGAR DEL JUSTO
¡Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien;
tu mujer, como una vid fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa:
ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida;
que veas a los hijos de tus hijos.
¡Paz a Israel!
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Dichoso el que teme al Señor.
LECTURA BREVE Jr 7, 2b. 4-5a. 7a
¡Escucha, Judá, la palabra del Señor, los que entráis por estas puertas para adorar al Señor! No os creáis seguros con palabras engañosas, repitiendo: «Es el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor.» Si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones, entonces habitaré con vosotros en este lugar.
V. Entrad por las puertas del Señor con acción de gracias.
R. Por sus atrios con himnos.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor, tú que con piedras vivas y elegidas edificas el templo eterno de tu gloria: acrecienta los dones que el Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pueblo fiel, creciendo como cuerpo de Cristo, llegue a ser la nueva y definitiva Jerusalén. Por Cristo nuestro Señor.
Amén
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
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VÍSPERAS
Oración de la tarde
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: ALTA CIUDAD DE PIEDRAS VIVAS.
Alta ciudad de piedras vivas,
Jerusalén;
visión de paz y cielos nuevos,
ciudad del Rey.
Tus puertas se abren jubilosas,
visión de paz,
y penetran los ríos de tus santos
hasta el altar.
Baluartes y murallas de oro,
Jerusalén;
tus calles, gemas y zafiros,
ciudad del Rey.
Jerusalén, Iglesia viva
de eternidad;
hacia ti caminan los hombres,
sin descansar.
Alta ciudad del Cristo vivo,
que es nuestro hogar,
al que volveremos, ya cansados
de caminar.
Cielos nuevos y tierra nueva,
Jerusalén;
morada de Dios Trino y Uno.
Amén,amén.
SALMODIA
Ant. 1. El Altísimo consagra su morada; teniendo a Dios en medio, no vacila.
Salmo 45 - DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra
y los montes se desplomen en el mar.
Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.
Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su trueno y se tambalea la tierra.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.
«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos, más alto que la tierra.»
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. El Altísimo consagra su morada; teniendo a Dios en medio, no vacila.
Ant. 2. Vamos alegres a la casa del Señor.
Salmo 121 - LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Vamos alegres a la casa del Señor.
Ant. 3. Alabad al Señor, nuestro Dios, todos sus santos.
Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO - Cf. Ap 19,1-2, 5-7
El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.
Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que les teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Alabad al Señor, nuestro Dios, todos sus santos.
LECTURA BREVE Ap 21,2-3. 22. 27
Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios con los hombres, y acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo y Dios estará con ellos.» Pero no vi santuario alguno en ella; porque el Señor, Dios todopoderoso, y el Cordero, es su santuario. Nada profano entrará en ella, ni los que cometen abominación y mentira, sino solamente los inscritos en el libro de la vida del Cordero.
RESPONSORIO BREVE
V. Dichosos, Señor, los que habitan en tu casa.
R. Dichosos, Señor, los que habitan en tu casa.
V. Alabándote siempre.
R. En tu casa.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Dichosos, Señor los, que habitan en tu casa.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Santificó el Señor su tabernáculo, porque ésta es la casa de Dios, donde se invoca su nombre, del cual está escrito: «Mi nombre habitará allí», dice el Señor.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Santificó el Señor su tabernáculo, porque ésta es la casa de Dios, donde se invoca su nombre, del cual está escrito: «Mi nombre habitará allí», dice el Señor.
PRECES
Oremos, hermanos, a nuestro Salvador, que dio su vida para reunir a los hijos de Dios dispersos, y digámosle:
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Señor Jesús, que cimentaste tu casa en la roca,
confirma y robustece la fe y la esperanza de tu Iglesia.
Señor Jesús, de cuyo costado salió sangre y agua,
renueva la Iglesia con los sacramentos de la nueva y eterna alianza.
Señor Jesús, que estás en medio de los que se reúnen en tu nombre,
atiende la oración unánime de tu Iglesia congregada.
Señor Jesús, que con el Padre haces morada en los que te aman,
perfecciona a tu Iglesia por la caridad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Señor Jesús, que no echas fuera a ninguno de los que vienen a ti,
acoge a todos los difuntos en la mansión del Padre.
Terminemos nuestra oración con las palabras qué Cristo nos enseñó:
Padre nuestro...
ORACIÓN
Señor, tú que con piedras vivas y elegidas edificas el templo eterno de tu gloria: acrecienta los dones que el Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pueblo fiel, creciendo como cuerpo de Cristo, llegue a ser la nueva y definitiva Jerusalén. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Of La Tr Sx Nn Vs Cm
COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
EXAMEN DE CONCIENCIA
Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Himno: CUANDO LA LUZ DEL SOL ES YA PONIENTE
Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.
Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.
Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.
Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.
Salmo 30 - SÚPLICA CONFIADA Y ACCIÓN DE GRACIAS.
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;
ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
En tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.
Ant. 2. Desde lo hondo a ti grito, Señor.
Salmo 129 - DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR.
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Desde lo hondo a ti grito, Señor.
LECTURA BREVE Ef 4,26-27
No lleguéis a pecar; que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo. No dejéis lugar al diablo.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor Jesucristo, tú que eres manso y humilde de corazón ofreces a los que vienen a ti un yugo llevadero y una carga ligera; dígnate, pues, aceptar los deseos y las acciones del día que hemos terminado: que podamos descansar durante la noche para que así, renovado nuestro cuerpo y nuestro espíritu, perseveremos constantes en tu servicio. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén
BENDICIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos , gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clemente, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!
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lunes, 7 de noviembre de 2011
8 CALENDARIO LITURGICO MARTES DE LA XXXII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Feria
8 CALENDARIO LITURGICO MARTES DE LA XXXII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Feria
Misa de feria (verde).
MISAL: cualquier formulario permitido (véase pág. 68, n. 5), Pf.
común.
LECC.: vol. IV, págs. 292 y 502.
- Sb 2, 23-3, 9. La gente insensata pensaba que morían, pero ellos están
en paz.
- Sal 33. R. Bendigo al Señor en todo momento.
- Lc 17, 7-10. Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos
que hacer.
Liturgia de las Horas: oficio de feria.
Martirologio: elogs. del 9 de noviembre, pág. 657.
CALENDARIOS: Madrid y Getafe: Dedicación de la Basílica de Letrán (Fanticipada).
Canónigos Regulares de Letrán y Jerónimos: Todos los Santos de la Orden (F).
Concepcionistas, OFM, OFM Conv. y Clarisas: Beato Duns Escoto (MO).
Santander: Santo Toribio de Palencia, monje (ML).
Carmelitas: Beata Isabel de la Santísima Trinidad, virgen (ML).
Dominicos: Aniversario de todos los difuntos de la Orden.
Pasionistas: Conmemoración de los benefactores difuntos.
Sigüenza-Guadalajara: Aniversario de la muerte de Mons. Jesús Pla Gandía,
obispo, emérito (2000).
Misa de feria (verde).
MISAL: cualquier formulario permitido (véase pág. 68, n. 5), Pf.
común.
LECC.: vol. IV, págs. 292 y 502.
- Sb 2, 23-3, 9. La gente insensata pensaba que morían, pero ellos están
en paz.
- Sal 33. R. Bendigo al Señor en todo momento.
- Lc 17, 7-10. Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos
que hacer.
Liturgia de las Horas: oficio de feria.
Martirologio: elogs. del 9 de noviembre, pág. 657.
CALENDARIOS: Madrid y Getafe: Dedicación de la Basílica de Letrán (Fanticipada).
Canónigos Regulares de Letrán y Jerónimos: Todos los Santos de la Orden (F).
Concepcionistas, OFM, OFM Conv. y Clarisas: Beato Duns Escoto (MO).
Santander: Santo Toribio de Palencia, monje (ML).
Carmelitas: Beata Isabel de la Santísima Trinidad, virgen (ML).
Dominicos: Aniversario de todos los difuntos de la Orden.
Pasionistas: Conmemoración de los benefactores difuntos.
Sigüenza-Guadalajara: Aniversario de la muerte de Mons. Jesús Pla Gandía,
obispo, emérito (2000).
Santoral del 8 de noviembre: Beata Isabel de la Trinidad

Santoral del 8 de noviembre: Beata Isabel de la Trinidad
Isabel Catez Rolland, hija de Francisco José y de María, nació en Bourges, Francia, el 18 de Julio de 1880.
Desde su más tierna edad se distinguió por su temperamento apasionado, propenso a arrebatos de cólera y de una sensibilidad exquisita.
Cuando contaba siete años, perdió a su padre, lo que fue causa de su "conversión" y de su cambio de carácter como fruto de su vida de asceis y oración.
Aunque tomaba parte en las fiestas y participaba en los compromisos sociales, fue siempre fiel a sus promesas bautismales.
A los 14 años hizo voto de virginidad y a los 19 empezó a recibir las primeras gracias místicas.
Estaba dotada de gran talento musical y se ofreció a Dios como víctima por la salvación de Francia.
El 2 de enero de 1901, a los 21 años de edad, ingresaba en el convento carmelitano de Dijón, ciudad donde vivía con su familia.
Isabel -que en el Carmelo se llamaría Sor Isabel de la Trinidad- se propuso como lema ser "Alabanza de gloria de la Santísima Trinidad" y crecer de día en día "en la carrera del amor a los Tres".
Vistió el hábito el 8 de diciembre de 1902 y el 11 de noviembre de 1903 saltaba de gozo al emitir sus votos religiosos en la Orden del Carmen, a la que amaba con toda su alma.
Con su vida y su doctrina -breve pero sólida- ha ejercido un gran influjo en la espiritualidad de nuestros días, debido, sobre todo, a su experiencia trinitaria. Preciosas son sus Elevaciones, Retiros, Notas Espirituales y sus Cartas.
Corrió, voló, en el camino de la perfección y el 9 de noviembre de 1906 expiraba a cuasa de una úlcera de estómago.
En el capítulo "El Carmelo escuela de santidad", recordamos una bella anécdota entre el Cardenal Mercier y la M. Priora de Dijón, sobre esta veloz carrera hacia la meta de la santidad de Sor Isabel de la Trinidad.
Fue beatificada por el papa Juan Pablo II el 25.11.1984, fiesta de Cristo Rey.
Su fiesta se celebra el 8 de noviembre.
Su espiritualidad
Fue más su vida misma que su doctrina. Esta sólo en parte fue escrita por ella.
Sor Isabel es un alma interior que se transforma de día en día en el Misterio Trinitario.
El silencio, la soledad, la oración contemplativa son la palestra que la disponen a ser dócil a la voluntad divina, que cumple siempre y en todo a la mayor perfección.
Enamorada de Cristo, que es "su libro preferido", se eleva a la Trinidad hasta que "Isabel desaparece, se pierde y se deja invadir por los Tres".
"La Trinidad: aquí está nuestra morada, nuestro hogar, la casa paterna de la que jamás debemos salir... Me parece que he encontrado mi cielo en la tierra, puesto que el cielo es Dios y Dios está en mi alma. El día que comprendí eso todo se iluminó para mí."
"Creer que un ser que se llama El Amor habita en nosotros en todo instante del día y de la noche y que nos pide que vivamos en sociedad con El, he aquí, os lo confío, lo que ha hecho de mi vida un cielo anticipado"
'Mi Esposo quiere que yo sea para El una humanidad adicional en la cual El pueda seguir sufriendo para gloria del Padre y para ayudar a la Iglesia"
Amó profundamente su vocación carmelita y trató de amar y de imitar a la "Janua coeíi", como llamaba a la Virgen Purísima.
Murmurando casi como en un canto "Voy a la luz, al amor, a la vida", expiró."
Su mensaje
Que corramos por el camino de la santidad, que el Espíritu Santo
eleve nuestro espíritu, que seamos siempre "alabanza de
gloda de la Sma. Trinidad", que seamos dóciles a las mociones del Espíritu.
Su oración
Oh Dios, rico en misericordia, que descubriste a la Beata Isabel de la Trinidad el misterio de tu presencia secreta en el alma del justo e hiciste de ella una adoradora en espíritu y verdad, concédenos, por su intercesión, que también nosotros, permaneciendo en el amor de Cristo, merezcamos ser transformados en templos del Espíritu de Amor, para alabanza de tu gloria. Amén.
Meditación: Martes de la semana 32 del tiempo ordinario. 8 de noviembre, 2011; año impar
Meditación: Martes de la semana 32 del tiempo ordinario. 8 de noviembre, 2011; año impar
«Si uno de vosotros tiene un siervo en la labranza o con el ganado y regresa del campo, ¿acaso le dice: "Entra en seguida y siéntate a la mesa?". ¿No le dirá, al contrario: "Prepárame la cena y dispón te a servirme mientras como y bebo, que después comerás y beberás tú?". ¿Es que tiene que agradecerle al siervo el que haya hecho lo que se le había mandado? Pues igual vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os había mandado, decid: "Somos unos siervos inútiles; no hemos hecho más que lo que teníamos que hacer"». (Lucas 17,7-10)
1º. Jesús, con este ejemplo no me estás aprobando la actitud abusiva de aquel amo, sino utilizando una situación conocida y corriente de tu tiempo para enseñar una verdad sobrenatural perenne: que somos, en el fondo, criaturas: y tenemos el deber de servir a nuestro creador.
«El servir a Dios nada le añade a Dios, ni tiene Dios necesidad alguna de nuestra sumisión; es él, por el contrario, quien da la vida; la incorrupción y la gloria eterna a los que le siguen y le sirven, beneficiándolos por el hecho de seguirle y servirle, sin recibir de ellos beneficio alguno» (San Ireneo).
Cuando sirvo a Dios y a los demás, no te estoy haciendo, Jesús, ningún favor: me lo estoy haciendo a mí mismo.
Porque servir es lo propio del ser espiritual; por eso Tú «no has venido a ser servido sino a servir» (Mateo 20,28).
Servir es una exigencia del amor a Dios; es un deber cristiano.
¿Por qué es mejor servir que ser servido, dar que recibir?
Porque al servir crece nuestra capacidad de amar y, por tanto, nuestra capacidad de ser felices.
Por el contrario, el que no piensa más que en sí mismo, se hace egoísta; y el egoísta es como un saco roto: insaciable y triste.
Pero servir cuesta, como cuesta todo lo que vale la pena.
He de aprender a decir que no a mis gustos, a mi comodidad, a mi soberbia.
Los ángeles fueron probados por su capacidad de servicio y los demonios fueron expulsados al infierno por su incapacidad de amar, reflejada en el grito: «no serviré».
Jesús, yo quiero servir, ser útil a los demás amando de verdad, día a día, servicio a servicio.
Ayúdame a seguir tu ejemplo de entrega; ayúdame a seguir el ejemplo de tu Madre, María, que se hizo «la esclava del Señor» (Lucas 1,38).
Ayúdame a seguir el ejemplo de tantos cristianos que han hecho de su vida una vida de servicio a los demás.
2º. «Permitidme que insista en esto; es muy claro y lo podemos comprobar con frecuencia a nuestro alrededor o en nuestro propio yo: ningún hombre se escapa a algún tipo de servidumbre. Unos se postran delante del dinero; otros adoran el poder; otros, la relativa tranquilidad del escepticismo; otros descubren en la sensualidad su becerro de oro. Y lo mismo ocurre con las cosas nobles. Nos afanamos en un trabajo, en una empresa de proporciones más o menos grandes, en el cumplimiento de una labor científica, artística, literaria, espiritual. Si se pone empeño, si existe verdadera pasión, el que se entrega vive esclavo, se dedica gozosamente al servicio de la finalidad de su tarea.
Esclavitud por esclavitud si, de todos modos, hemos de servir, pues admitiéndolo o no, ésa es la condición humana, nada hay mejor que saberse, por Amo, esclavos de Dios. Porque en ese momento perdemos la situación de esclavos, para convertirnos en amigos, en hijos. Y aquí se manifiesta la diferencia: afrontamos las honestas ocupaciones del mundo con la misma pasión, con el mismo afán que los demás, pero con paz en el fondo del alma; con alegría y serenidad, también en las contradicciones: no depositamos nuestra confianza en lo que pasa, sino en lo que permanece para siempre. No somos hijos de la esclava, sino de la libre» (Amigos de Dios.-34-35).
Jesús, quiero ser, por Amor, esclavo de Dios; quiero hacer siempre y en todo porque me da la gana, con plena libertad lo que Tú me pidas.
Sin pedir vacaciones ni descansos; sin creerme nada más que un «siervo inútil» que cumple con su deber.
Porque eso soy.
Sólo entonces, todas las demás esclavitudes y limitaciones terrenas desaparecen.
Y se mira todo con una nueva luz, con paz en el fondo del alma; con alegría y serenidad, también en las contradicciones.
Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Tiempo ordinario. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.
«Si uno de vosotros tiene un siervo en la labranza o con el ganado y regresa del campo, ¿acaso le dice: "Entra en seguida y siéntate a la mesa?". ¿No le dirá, al contrario: "Prepárame la cena y dispón te a servirme mientras como y bebo, que después comerás y beberás tú?". ¿Es que tiene que agradecerle al siervo el que haya hecho lo que se le había mandado? Pues igual vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os había mandado, decid: "Somos unos siervos inútiles; no hemos hecho más que lo que teníamos que hacer"». (Lucas 17,7-10)
1º. Jesús, con este ejemplo no me estás aprobando la actitud abusiva de aquel amo, sino utilizando una situación conocida y corriente de tu tiempo para enseñar una verdad sobrenatural perenne: que somos, en el fondo, criaturas: y tenemos el deber de servir a nuestro creador.
«El servir a Dios nada le añade a Dios, ni tiene Dios necesidad alguna de nuestra sumisión; es él, por el contrario, quien da la vida; la incorrupción y la gloria eterna a los que le siguen y le sirven, beneficiándolos por el hecho de seguirle y servirle, sin recibir de ellos beneficio alguno» (San Ireneo).
Cuando sirvo a Dios y a los demás, no te estoy haciendo, Jesús, ningún favor: me lo estoy haciendo a mí mismo.
Porque servir es lo propio del ser espiritual; por eso Tú «no has venido a ser servido sino a servir» (Mateo 20,28).
Servir es una exigencia del amor a Dios; es un deber cristiano.
¿Por qué es mejor servir que ser servido, dar que recibir?
Porque al servir crece nuestra capacidad de amar y, por tanto, nuestra capacidad de ser felices.
Por el contrario, el que no piensa más que en sí mismo, se hace egoísta; y el egoísta es como un saco roto: insaciable y triste.
Pero servir cuesta, como cuesta todo lo que vale la pena.
He de aprender a decir que no a mis gustos, a mi comodidad, a mi soberbia.
Los ángeles fueron probados por su capacidad de servicio y los demonios fueron expulsados al infierno por su incapacidad de amar, reflejada en el grito: «no serviré».
Jesús, yo quiero servir, ser útil a los demás amando de verdad, día a día, servicio a servicio.
Ayúdame a seguir tu ejemplo de entrega; ayúdame a seguir el ejemplo de tu Madre, María, que se hizo «la esclava del Señor» (Lucas 1,38).
Ayúdame a seguir el ejemplo de tantos cristianos que han hecho de su vida una vida de servicio a los demás.
2º. «Permitidme que insista en esto; es muy claro y lo podemos comprobar con frecuencia a nuestro alrededor o en nuestro propio yo: ningún hombre se escapa a algún tipo de servidumbre. Unos se postran delante del dinero; otros adoran el poder; otros, la relativa tranquilidad del escepticismo; otros descubren en la sensualidad su becerro de oro. Y lo mismo ocurre con las cosas nobles. Nos afanamos en un trabajo, en una empresa de proporciones más o menos grandes, en el cumplimiento de una labor científica, artística, literaria, espiritual. Si se pone empeño, si existe verdadera pasión, el que se entrega vive esclavo, se dedica gozosamente al servicio de la finalidad de su tarea.
Esclavitud por esclavitud si, de todos modos, hemos de servir, pues admitiéndolo o no, ésa es la condición humana, nada hay mejor que saberse, por Amo, esclavos de Dios. Porque en ese momento perdemos la situación de esclavos, para convertirnos en amigos, en hijos. Y aquí se manifiesta la diferencia: afrontamos las honestas ocupaciones del mundo con la misma pasión, con el mismo afán que los demás, pero con paz en el fondo del alma; con alegría y serenidad, también en las contradicciones: no depositamos nuestra confianza en lo que pasa, sino en lo que permanece para siempre. No somos hijos de la esclava, sino de la libre» (Amigos de Dios.-34-35).
Jesús, quiero ser, por Amor, esclavo de Dios; quiero hacer siempre y en todo porque me da la gana, con plena libertad lo que Tú me pidas.
Sin pedir vacaciones ni descansos; sin creerme nada más que un «siervo inútil» que cumple con su deber.
Porque eso soy.
Sólo entonces, todas las demás esclavitudes y limitaciones terrenas desaparecen.
Y se mira todo con una nueva luz, con paz en el fondo del alma; con alegría y serenidad, también en las contradicciones.
Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Tiempo ordinario. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.
Lectio Divina: Martes XXXII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 8 de noviembre, 2011
Lectio Divina: Martes XXXII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 8 de noviembre, 2011
Lectio: Lucas 17,7-10
1) Oración inicial
Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 17,7-10
¿Quién de vosotros que tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: `Pasa al momento y ponte a la mesa?' ¿No le dirá más bien: `Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme y luego que yo haya comido y bebido comerás y beberás tú?' Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os mandaron, decid: No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.»
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos presenta una parábola que se encuentra sólo en el evangelio de Lucas, sin paralelo en los otros evangelios. La parábola quiere enseñar que nuestra vida debe caracterizarse por la actitud de servicio. Empieza con tres preguntas y, al final, Jesús mismo da la respuesta.
• Lucas 17,7-9: Las tres preguntas de Jesús. Se trata de tres preguntas sacadas de la vida de cada día, para las cuales los oyentes adivinaban ya la respuesta. Las preguntas son formuladas de tal manera que invitan a cada oyente a que piense en su propia experiencia y, desde su experiencia, trate de dar una respuesta. La primera pregunta: “¿Quién de vosotros que tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: `Pasa al momento y ponte a la mesa?” Todo el mundo responderá: “¡No!” Segunda pregunta: “¿No le dirá más bien: `Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme y luego que yo haya comido y bebido comerás y beberás tú?” Todo el mundo contestará: “¡Sí! ¡Claro!” Tercera pregunta: De igual modo “¿Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron? Todo el mundo contestará: “¡No!” Por la manera que Jesús tiene de plantear preguntas, la gente percibe hacia qué dirección quiere orientar nuestro pensamiento. Quiere que seamos servidores unos de otros.
• Lucas 17,10: La respuesta de Jesús. Al final, Jesús mismo saca la conclusión que ya estaba implícita en las preguntas: “De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os mandaron, decid: No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.” Jesús mismo nos da el ejemplo cuando dice: “El Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir” (Mc 10,45). El servicio es un tema que gusta a Lucas. El servicio representa la forma como los pobres del tiempo de Jesús, los anawim, esperaban al Mesías: no como un Mesías glorioso, re, sumo sacerdote o juez, sino como el Siervo de Yavé, anunciado por Isaías (Is 42,1-9). A María, la madre de Jesús, se le presenta el ángel: “He aquí la sierva del Señor. ¡Hágase en mí según tu palabra!” (Lc 1,38). En Nazaret, Jesús se presenta como el Siervo, descrito por Isaías (Lc 4,18-19 e Is 61,1-2). En el bautismo y en la transfiguración, fue confirmado por el Padre que cita las palabras dirigidas por Dios al Siervo (Lc 3,22; 9,35 e Is 42,1). A sus seguidores Jesús pide “Quien quiere ser el primero, se haga siervo de todos” (Mt 20,27). ¡Siervos inútiles! Es la definición del cristiano. Pablo habla de esto a los miembros de la comunidad de Corinto cuando escribe: “Yo planté, Apolo regó; pero quien dio el crecimiento fue Dios. Ni el que planta, ni el que riega es algo, sino Dios que da el crecimiento” (1Cor 3,6-7). Pablo y Apolo no son que instrumentos, “servidores”. Lo que vale es Dios, ¡y sólo El! (1Cor 3,7).
• Servir y ser servido. Aquí, en este texto, el siervo sirve al señor, y no el señor al siervo. Pero en otro texto de Jesús, se dice lo contrario: “Dichosos los siervos que el señor encuentra en vela cuando llega; en verdad os digo que se ceñirá, y los sentirá a la mesa, y se prestará a servirlos” (Lc 12,37). En este texto el señor sirve al siervo, y no el siervo a su señor. En el primer texto, Jesús habla del presente. En el segundo texto, Jesús habla del futuro. Este contraste es otra manera de decir: gana su vida aquel que está dispuesto a perderla por amor a Jesús y al Evangelio (Mt 10,39; 16,25. Quien sirve a Dios en esta vida, será servido por Dios en la vida futura.
4) Para una reflexión personal
• ¿Cómo defino mi vida?
• Ponte las mismas preguntas de Jesús. ¿Vivo como un siervo inútil?
5) Oración final
Conoce Yahvé la vida de los íntegros
su heredad durará para siempre;
en tiempo de escasez no se avergonzarán,
en días de penuria gozarán de hartura. (Sal 37,18-19)
www.ocarm.org
Lectio: Lucas 17,7-10
1) Oración inicial
Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 17,7-10
¿Quién de vosotros que tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: `Pasa al momento y ponte a la mesa?' ¿No le dirá más bien: `Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme y luego que yo haya comido y bebido comerás y beberás tú?' Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os mandaron, decid: No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.»
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos presenta una parábola que se encuentra sólo en el evangelio de Lucas, sin paralelo en los otros evangelios. La parábola quiere enseñar que nuestra vida debe caracterizarse por la actitud de servicio. Empieza con tres preguntas y, al final, Jesús mismo da la respuesta.
• Lucas 17,7-9: Las tres preguntas de Jesús. Se trata de tres preguntas sacadas de la vida de cada día, para las cuales los oyentes adivinaban ya la respuesta. Las preguntas son formuladas de tal manera que invitan a cada oyente a que piense en su propia experiencia y, desde su experiencia, trate de dar una respuesta. La primera pregunta: “¿Quién de vosotros que tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: `Pasa al momento y ponte a la mesa?” Todo el mundo responderá: “¡No!” Segunda pregunta: “¿No le dirá más bien: `Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme y luego que yo haya comido y bebido comerás y beberás tú?” Todo el mundo contestará: “¡Sí! ¡Claro!” Tercera pregunta: De igual modo “¿Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron? Todo el mundo contestará: “¡No!” Por la manera que Jesús tiene de plantear preguntas, la gente percibe hacia qué dirección quiere orientar nuestro pensamiento. Quiere que seamos servidores unos de otros.
• Lucas 17,10: La respuesta de Jesús. Al final, Jesús mismo saca la conclusión que ya estaba implícita en las preguntas: “De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os mandaron, decid: No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.” Jesús mismo nos da el ejemplo cuando dice: “El Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir” (Mc 10,45). El servicio es un tema que gusta a Lucas. El servicio representa la forma como los pobres del tiempo de Jesús, los anawim, esperaban al Mesías: no como un Mesías glorioso, re, sumo sacerdote o juez, sino como el Siervo de Yavé, anunciado por Isaías (Is 42,1-9). A María, la madre de Jesús, se le presenta el ángel: “He aquí la sierva del Señor. ¡Hágase en mí según tu palabra!” (Lc 1,38). En Nazaret, Jesús se presenta como el Siervo, descrito por Isaías (Lc 4,18-19 e Is 61,1-2). En el bautismo y en la transfiguración, fue confirmado por el Padre que cita las palabras dirigidas por Dios al Siervo (Lc 3,22; 9,35 e Is 42,1). A sus seguidores Jesús pide “Quien quiere ser el primero, se haga siervo de todos” (Mt 20,27). ¡Siervos inútiles! Es la definición del cristiano. Pablo habla de esto a los miembros de la comunidad de Corinto cuando escribe: “Yo planté, Apolo regó; pero quien dio el crecimiento fue Dios. Ni el que planta, ni el que riega es algo, sino Dios que da el crecimiento” (1Cor 3,6-7). Pablo y Apolo no son que instrumentos, “servidores”. Lo que vale es Dios, ¡y sólo El! (1Cor 3,7).
• Servir y ser servido. Aquí, en este texto, el siervo sirve al señor, y no el señor al siervo. Pero en otro texto de Jesús, se dice lo contrario: “Dichosos los siervos que el señor encuentra en vela cuando llega; en verdad os digo que se ceñirá, y los sentirá a la mesa, y se prestará a servirlos” (Lc 12,37). En este texto el señor sirve al siervo, y no el siervo a su señor. En el primer texto, Jesús habla del presente. En el segundo texto, Jesús habla del futuro. Este contraste es otra manera de decir: gana su vida aquel que está dispuesto a perderla por amor a Jesús y al Evangelio (Mt 10,39; 16,25. Quien sirve a Dios en esta vida, será servido por Dios en la vida futura.
4) Para una reflexión personal
• ¿Cómo defino mi vida?
• Ponte las mismas preguntas de Jesús. ¿Vivo como un siervo inútil?
5) Oración final
Conoce Yahvé la vida de los íntegros
su heredad durará para siempre;
en tiempo de escasez no se avergonzarán,
en días de penuria gozarán de hartura. (Sal 37,18-19)
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Evangelio del Martes XXXII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 8 de noviembre, 2011
Evangelio del Martes XXXII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 8 de noviembre, 2011
Lectura del Santo Evangelio, según San Lucas 17,7-10
Gloria a ti, Señor
En aquel tiempo, dijo el Señor: "Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"? ¿No le diréis: "Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.""
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús
Reflexión:
En este tramo del evangelio de Lucas comenzamos lo que llamamos el “camino hacia Jerusalén”; es un momento cargado de enseñanzas a los discípulos, preparándolos para el desenlace final.
En este pasaje, Lucas nos presenta una imagen que muchas veces ha sido contemplada como sumisión ante los “amos” de turno. Pero no nos confundamos; lo que quiere mostrarse aquí es que el cristiano no es más que otros por el mero hecho de realizar lo que se le “ordena”. A nosotros nos toca servir al proyecto del Reino con amor y humildad, sin jactancias, pues al ser convocados no hacemos más que nuestro deber.
Entonces podemos notar que son dos los ejes de las palabras de Jesús: Por un lado, no debemos esperar agradecimientos ni retribuciones a cambio de lo que hagamos en su nombre; debemos ser obedientes, aun cuando tengamos la sensación de que se nos ignora y desprecia por nuestra labor. Por otro lado, debemos tener la lucidez para pensar que nadie puede, ni por sus obras en favor del proyecto de Dios ni por ningún otro motivo, considerarse amo de sus hermanos. Esto nos plantea una situación de igualdad.
Lectura del Santo Evangelio, según San Lucas 17,7-10
Gloria a ti, Señor
En aquel tiempo, dijo el Señor: "Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"? ¿No le diréis: "Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.""
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús
Reflexión:
En este tramo del evangelio de Lucas comenzamos lo que llamamos el “camino hacia Jerusalén”; es un momento cargado de enseñanzas a los discípulos, preparándolos para el desenlace final.
En este pasaje, Lucas nos presenta una imagen que muchas veces ha sido contemplada como sumisión ante los “amos” de turno. Pero no nos confundamos; lo que quiere mostrarse aquí es que el cristiano no es más que otros por el mero hecho de realizar lo que se le “ordena”. A nosotros nos toca servir al proyecto del Reino con amor y humildad, sin jactancias, pues al ser convocados no hacemos más que nuestro deber.
Entonces podemos notar que son dos los ejes de las palabras de Jesús: Por un lado, no debemos esperar agradecimientos ni retribuciones a cambio de lo que hagamos en su nombre; debemos ser obedientes, aun cuando tengamos la sensación de que se nos ignora y desprecia por nuestra labor. Por otro lado, debemos tener la lucidez para pensar que nadie puede, ni por sus obras en favor del proyecto de Dios ni por ningún otro motivo, considerarse amo de sus hermanos. Esto nos plantea una situación de igualdad.
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