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viernes, 18 de mayo de 2012

Meditación: Sábado de la semana VI de Pascua. Ciclo B. 19 de Mayo, 2012

Meditación: Sábado de la semana VI de Pascua. Ciclo B. 19 de Mayo, 2012 Lo que pedimos a Dios en nombre de Jesús, se nos concederá; y como fruto de la oración, viviremos el apostolado En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre. Hasta ahora nada le habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado. Os he dicho todo esto en parábolas. Se acerca la hora en que ya no os hablaré en parábolas, sino que con toda claridad os hablaré acerca del Padre. Aquel día pediréis en mi nombre y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque me queréis a mí y creéis que salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre» (Jn 16,23-28). 1. En vigilias de la Ascensión del Señor, el Evangelio nos deja unas palabras de despedida entrañables. Jesús nos hace participar de su misterio más preciado; Dios Padre es su origen y es, a la vez, su destino: «Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre» (Jn 16,28). “Y esta filiación divina de Jesús nos recuerda otro aspecto fundamental para nuestra vida: los bautizados somos hijos de Dios en Cristo por el Espíritu Santo. Esto esconde un misterio bellísimo para nosotros: esta paternidad divina adoptiva de Dios hacia cada hombre se distingue de la adopción humana en que tiene un fundamento real en cada uno de nosotros, ya que supone un nuevo nacimiento. Por tanto, quien ha quedado introducido en la gran Familia divina ya no es un extraño” (Xavier Romero). Jesús les promete a sus discípulos que la oración que dirijan al Padre en nombre de Jesús será eficaz, «para que vuestra alegría sea completa». Él está íntimamente unido al Padre. Jesús, que mi alegría sea completa por estar unido a ti, como nos ha dicho: «permaneced en mí y yo en vosotros», «permaneced en mi amor». Orar es entrar en la órbita de Dios, mirar todo con sus ojos, amar con su corazón. Así me uniré a tu voluntad, Señor, y ya es “eficaz” mi oración entonces: «todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido» (Mc 11,24). “En verdad, en verdad os digo: si algo pedís al Padre en mi nombre, os lo concederá… pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo”. Rezaba S. Josemaría Escrivá: “Una oración al Dios de mi vida. Si Dios es para nosotros vida, no debe extrañarnos que nuestra existencia de cristianos haya de estar entretejida en oración. Pero no penséis que la oración es un acto que se cumple y luego se abandona. Por la mañana pienso en ti; y, por la tarde, se dirige hacia ti mi oración como el incienso. Toda la jornada puede ser tiempo de oración: de la noche a la mañana y de la mañana a la noche. Más aún: como nos recuerda la Escritura Santa, también el sueño debe ser oración”. Señor, que recuerde cómo tú pasabas a veces la noche en oración, y quiero pedirte como los discípulos: “Señor, enséñanos a orar” así como lo hacían los primeros, que animados de un mismo espíritu, perseveraban juntos en oración (Hch 1,4). “El temple del buen cristiano se adquiere, con la gracia, en la forja de la oración. Y este alimento de la plegaria, por ser vida, no se desarrolla en un cauce único. El corazón se desahogará habitualmente con palabras, en esas oraciones vocales que nos ha enseñado el mismo Dios, Padre nuestro, o sus ángeles, Ave María. Otras veces utilizaremos oraciones acrisoladas por el tiempo, en las que se ha vertido la piedad de millones de hermanos en la fe: las de la liturgia -lex orandi-, las que han nacido de la pasión de un corazón enamorado, como tantas antífonas marianas: Sub tuum praesidium…, Memorare…, Salve Regina… En otras ocasiones nos bastarán dos o tres expresiones, lanzadas al Señor como saeta, iaculata: jaculatorias, que aprendemos en la lectura atenta de la historia de Cristo: Domine, si vis, potes me mundare (Mt 8,2), Señor, si quieres, puedes curarme; Domine, tu omnia nosti, tu scis quia amo te (Jn 21,17), Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo; Credo, Domine, sed adiuva incredulitatem team (Mt 9,23), creo, Señor, pero ayuda mi incredulidad, fortalece mi fe; Domine, non sum dignus (Mt 8,8), ¡Señor, no soy digno!; Dominus meus et Deus meus (Jn 20,18), ¡Señor mío y Dios mío!… U otras frases, breves y afectuosas, que brotan del fervor íntimo del alma, y responden a una circunstancia concreta” (ibid.). Y además necesitamos unos ratos diarios, dedicados a rezar; junto al Sagrario si podemos, en esa “cárcel de amor” por nosotros donde Jesús nos espera. “Oración mental es ese diálogo con Dios, de corazón a corazón, en el que interviene toda el alma: la inteligencia y la imaginación, la memoria y la voluntad”, para que así todos se convierta “en una alabanza continua a Dios. Nos mantendremos en su presencia, como los enamorados dirigen continuamente su pensamiento a la persona que aman, y todas nuestras acciones -aun las más pequeñas- se llenarán de eficacia espiritual” (ibid.). Señor, te pido me ayudes en el combate de la oración, porque es una lucha de fe, de preferir estar contigo a hacer otras cosas. 2. En este tercer viaje apostólico, Pablo va de Éfeso a Cesarea, luego Jerusalén y Antioquía... Luego, Galacia y Frigia (Hechos 18, 23-28). Señor, te pido que también yo haga apostolado, en mi ambiente de trabajo, como nos pides: “me serviréis de testigos en Jerusalén y en toda la Judea y Samaría y hasta el cabo del mundo”. Lléname del ardor de tu corazón: “fuego he venido a traer a la tierra y qué he de querer sino que arda”. “Fuego de apostolado que se robustece en la oración: no hay medio mejor que éste para desarrollar, a lo largo y a lo ancho del mundo, esa batalla pacífica en la que cada cristiano está llamado a participar: cumplir lo que resta que padecer a Cristo” (san Josemaría Escrivá). 3. Dios es el Rey del mundo, y por eso cantamos con el salmista: “Pueblos todos, batid palmas, / aclamad a Dios con gritos de júbilo; / porque el Señor es sublime… Dios es el rey del mundo… reina sobre las naciones, / Dios se sienta en su trono sagrado… él es excelso” (Salmo 46,2-3.8-10). Señor, que sepa aclamar tu nombre y proclamar tu Reino, ofrecerte todo por amor, a ti que eres mi Rey; lo pongo en manos de mi madre Santa María, que sabrá presentarte mejor estas ofrendas. Amén. Llucià Pou Sabaté Fuente: www.almudi.org

Lectio Divina: Sábado VI Semana de Pascua. Ciclo B, 19 Mayo, 2012

Lectio Divina: Sábado VI Semana de Pascua. Ciclo B, 19 Mayo, 2012 1) Oración inicial ¡Oh Dios!, que por la resurrección de tu Hijo nos has hecho renacer a la vida eterna; eleva nuestros corazones hacia el Salvador, que está sentado a tu derecha, a fin de que cuando venga de nuevo, los que hemos renacido en el bautismo seamos revestidos de una inmortalidad gloriosa. Por Jesucristo nuestro Señor. 2) Lectura Del santo Evangelio según Juan 16,23b-28 En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre. Hasta ahora nada le habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado. Os he dicho todo esto en parábolas. Se acerca la hora en que ya no os hablaré en parábolas, sino que con toda claridad os hablaré acerca del Padre. Aquel día pediréis en mi nombre y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque me queréis a mí y creéis que salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre.» 3) Reflexión • Jn 16,23b: Los discípulos tienen pleno acceso al Padre. Ésta es la seguridad que Jesús anuncia a sus discípulos: que, en unión con él, pueden tienen acceso a la paternidad de Dios. La mediación de Jesús conduce a los discípulos hasta el Padre. Es evidente que la función de Jesús no es sustituir a “los suyos”: no los suplanta mediante una función de intercesión, sino que los une a sí; y en comunión con Él, ellos presentan sus carencias y necesidades. Los discípulos están seguros de que Jesús dispone de la riqueza del Padre: “En verdad, en verdad os digo: si pedís alguna cosa al Padre en mi nombre, él os la dará” (v.23b). De esta manera, es decir, en unión con Él, la riqueza pasa a ser eficaz. El objeto de cualquier petición al Padre debe estar siempre conectado a Jesús, esto es, a su amor y a su proyecto de dar la vida al hombre (Jn 10,10). La oración dirigida al Padre en el nombre de Jesús, en unión con Él (Jn 14,13; 16,23), es atendida. Hasta ahora, los discípulos no habían pedido nada en nombre de Jesús, lo podrán hacer después de su glorificación (Jn 14,13s) cuando reciban el Espíritu que irradiará plenamente sobre su identidad (Jn 4,22ss) y operará la unión con Él. Los suyos podrán pedir y recibir con pleno gozo, cuando pasen de la visión sensible a la visión de la fe. • Jn 16,24-25: En Jesús tenemos contacto directo con el Padre. Los creyentes están incluidos en la relación entre el Hijo y el Padre. En Jn 16,26 Jesús insiste en el nexo operado por el Espíritu, que permitirá a los suyos presentar al Padre cualquier petición en unión con Él. Esto sucederá “en aquel día”. ¿Qué quiere decir “aquel día pediréis”? Es el día que vendrá a los suyos y les comunicará el Espíritu (Jn 20,19-22). Entonces, los discípulos, conociendo la relación entre Jesús y el Padre, sabrán que son escuchados. No será preciso que Jesús se interponga entre el Padre y los discípulos para pedir favorecerlos, no porque haya acabado su mediación, sino porque ellos, habiendo creído en la encarnación del Verbo y estando estrechamente unidos a Cristo, serán amados por el Padre como el Padre ama al Hijo (Jn 17,23.26). En Jesús experimentan los discípulos el contacto directo con el Padre. • Jn 16,26-27: La oración al Padre. Así pues, orar es ir al Padre por medio de Jesús; dirigirse al Padre en el nombre de Jesús. Prestemos especial atención a la expresión de Jesús en los vv.26-27: “y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere”. El amor del Padre por los discípulos se basa en la adhesión de “los suyos” a Jesús, en la fe sobre su procedencia, es decir, en el reconocimiento de Jesús como don del Padre. Después de haber asemejado a los discípulos con él, parece como si Jesús se retirase de su condición de mediador, pero en verdad deja que nos tome y nos atienda sólo el Padre: “Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado” (v.24). Conectados en la relación con el Padre mediante la unión con Él, nuestro gozo es total y nuestra oración perfecta. Dios ofrece siempre su amor a todo el mundo, pero este amor se torna recíproco sólo si el hombre responde. El amor es incompleto si no es recíproco: hasta que el hombre no lo acepta, permanece en suspenso. Los discípulos lo aceptan en el momento en que aman a Jesús, y de esta manera se torna operativo el amor del Padre. La oración es esta relación de amor. En el fondo, la historia de cada uno de nosotros se identifica con la historia de su oración, incluyendo aquellos momentos que no parecen tales: el deseo es ya una oración, como también la búsqueda, la angustia… 4) Para la reflexión personal • Mi oración personal y comunitaria, ¿se realiza en un estado de quietud, de paz y de gran tranquilidad? • ¿Con qué empeño me dedico a crecer en la amistad con Jesús? ¿Estás convencido de que puedes lograr una identificación real a través de la comunión con Él y del amor al prójimo? 5) Oración final Es rey de toda la tierra: ¡tocad para Dios con destreza! Reina Dios sobre todas las naciones, Dios, sentado en su trono sagrado. (Sal 47,8-9) www.ocarm.org

Ordinario de la Misa: Sábado VI Semana de Pascua. Ciclo B. 19 de Mayo, 2012

Ordinario de la Misa: Sábado VI Semana de Pascua. Ciclo B. 19 de Mayo, 2012 Santa María en Sábado Memoria libre Anunciemos las maravillas del Señor Antífona de Entrada Los discípulos perseveraban en la oración con un mismo espíritu en compañía de María, la Madre de Jesús. Aleluya. Oración Colecta Oremos: Dios nuestro, que con la resurrección de tu Hijo nuestro Señor Jesucristo, has alegrado al mundo, concédenos, por la intercesión de su Madre, la Virgen María, obtener los gozos de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo... Amén. Primera Lectura Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (18, 23-28) En aquellos días, después de haber estado en Antioquía algún tiempo, emprendió Pablo otro viaje y recorrió Galacia y Frigia, confirmando en la fe a los discípulos. Un judío, natural de Alejandría, llamado Apolo, hombre elocuente y muy versado en las Escrituras, había ido a Efeso. Aquel hombre estaba instruido en la doctrina del Señor, y siendo de ferviente espíritu, disertaba y enseñaba con exactitud lo concerniente a Jesús, aunque no conocía más que el bautismo de Juan. Apolo comenzó a hablar valientemente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con mayor exactitud la doctrina del Señor. Como él deseaba pasar a Grecia, los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos de allá para que lo recibieran bien. Cuando llegó, contribuyó mucho, con la ayuda de la gracia, al provecho de los creyentes, pues refutaba vigorosamente en público a los judíos, demostrando, por medio de las Escrituras, que Jesús era el Mesías. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor. Salmo Responsorial Salmo 46 Dios es el rey del universo. Aleluya. Aplaudan, pueblos todos; aclamen al Señor, de gozo llenos, que el Señor, el Altísimo, es terrible y de toda la tierra, rey supremo. Dios es el rey del universo. Aleluya. Porque Dios es el rey del universo, cantemos el mejor de nuestros cantos. Reina Dios sobre todas las naciones desde su trono santo. Dios es el rey del universo. Aleluya. Los jefes de los pueblos se han reunido con el pueblo de Dios, Dios de Abraham, porque de Dios son los grandes de la tierra. Por encima de todo Dios está. Dios es el rey del universo. Aleluya. Aclamación antes del Evangelio Aleluya, aleluya. Salí del Padre y vine al mundo, ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre, dice el Señor. Aleluya. Evangelio † Lectura del santo Evangelio según san Juan (16, 23-28) Gloria a ti, Señor. En aquel tiempo,Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro: cuanto pidan al Padre en mi nombre, se lo concederá. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa. Les he dicho estas cosas en parábolas; pero se acerca la hora en que ya no les hablaré en parábolas, sino que les hablaré del Padre abiertamente. En aquel día pedirán en mi nombre, y no les digo que rogaré por ustedes al Padre, pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado y han creído que salí del Padre. Yo salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús. El relato que leemos hoy nos ubica frente a una de las más importantes síntesis del ministerio de Jesús: “Salí del Padre y he venido al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre”. Esta síntesis presenta el dinamismo en el cual se fundamenta la vida y la misión de Jesús de Nazaret: Del Padre al mundo y del mundo al Padre; es decir, Encarnación, por un lado, y Pasión-Resurrección-Ascensión, por el otro. El evangelista Juan nos hace evidente que la tarea concreta de los discípulos es lograr entender tal dinamismo, entender que la fuente de la vida, del amor y la salvación es Dios; en el momento en que entiendan esta realidad no será necesario seguir hablando por medio de parábolas, sino que se hablará directamente del Padre, pues lo conocen y creen fielmente en Él. Dicha confianza en el amor de Dios, lograda gracias al convencimiento pleno de que Jesús es el camino que conduce a la vida digna y plena, permitirá a los discípulos dirigirse a Dios en actitud de hijos. Muchas veces nuestra fe se enreda en los ritos, en las fórmulas, en los lugares sagrados, y perdemos el hilo conductor que nos hace uno con Dios: la práctica del amor fraterno. Oración sobre las Ofrendas Al celebrar esta festividad de la santísima Virgen María, te presentamos, Señor, nuestras ofrendas y te pedimos que tu Hijo, Jesucristo, que se ofreció a ti en la cruz como ofrenda inmaculada, venga siempre en nuestra ayuda. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. Prefacio de Santa María Virgen I Maternidad de la santísima Virgen María El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu. Levantemos el corazón. Lo tenemos levantado hacia el Señor. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria en la conmemoración de Santa María, siempre virgen: Porque ella concibió a tu único Hijo por obra del Espíritu Santo y sin perder la gloria de su virginidad, hizo brillar sobre el mundo la luz eterna, Jesucristo nuestro Señor. Por él, los ángeles y los arcángeles y todos los coros celestiales, celebran tu gloria, unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo, Santo... Antífona de la Comunión Alégrate, Virgen Madre, porque Cristo ha resucitado del sepulcro. Aleluya. Oración después de la Comunión Oremos: Confírmanos, Señor, en la fe de estos misterios que hemos celebrado, para que quienes confesamos como verdadero Dios y verdadero hombre al Hijo de la Virgen María, merezcamos llegar a las alegrías eternas en virtud de su resurrección salvadora. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. Fuente: www.lecturadeldia.com; www.servicioskoinonia.org

Evangelio del Sábado VI Semana de Pascua. Ciclo B. 19 de Mayo, 2012

Evangelio del Sábado VI Semana de Pascua. Ciclo B. 19 de Mayo, 2012 † Lectura del santo Evangelio según san Juan (16, 23-28) Gloria a ti, Señor. En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro: cuanto pidan al Padre en mi nombre, se lo concederá. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa. Les he dicho estas cosas en parábolas; pero se acerca la hora en que ya no les hablaré en parábolas, sino que les hablaré del Padre abiertamente. En aquel día pedirán en mi nombre, y no les digo que rogaré por ustedes al Padre, pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado y han creído que salí del Padre. Yo salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús. El relato que leemos hoy nos ubica frente a una de las más importantes síntesis del ministerio de Jesús: “Salí del Padre y he venido al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre”. Esta síntesis presenta el dinamismo en el cual se fundamenta la vida y la misión de Jesús de Nazaret: Del Padre al mundo y del mundo al Padre; es decir, Encarnación, por un lado, y Pasión-Resurrección-Ascensión, por el otro. El evangelista Juan nos hace evidente que la tarea concreta de los discípulos es lograr entender tal dinamismo, entender que la fuente de la vida, del amor y la salvación es Dios; en el momento en que entiendan esta realidad no será necesario seguir hablando por medio de parábolas, sino que se hablará directamente del Padre, pues lo conocen y creen fielmente en Él. Dicha confianza en el amor de Dios, lograda gracias al convencimiento pleno de que Jesús es el camino que conduce a la vida digna y plena, permitirá a los discípulos dirigirse a Dios en actitud de hijos. Muchas veces nuestra fe se enreda en los ritos, en las fórmulas, en los lugares sagrados, y perdemos el hilo conductor que nos hace uno con Dios: la práctica del amor fraterno. Fuente: www.lecturadeldia.com; www.servicioskoinonia.com

Oficio Divino: Tiempo de Pascua. Ciclo B. 19 de Mayo, 2012

Oficio Divino: Tiempo de Pascua. Ciclo B. 19 de Mayo, 2012 SÁBADO DE LA SEMANA VI De la feria - Salterio II - Primeras vísperas de la Ascensión del Señor. (OFICIO DE LECTURA (6:00); LAUDES (7:00); TERCIA (9:00); SEXTA (12:00); NONA (15:00); VISPERAS (19:00); COMPLETAS (22:00) (Dar Ctrl + Click, sobre la hora correspondiente, o ir directamente a la hora en el cuerpo del texto ) Oficio de Lectura Laudes Tercia Sexta Nona I Vísperas Completas www.liturgiadelashoras.com.ar OFICIO DE LECTURA Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día: V. Señor abre mis labios R. Y mi boca proclamará tu alabanza Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona: Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya. Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora: V. Dios mío, ven en mi auxilio R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. Himno: LA TUMBA ABIERTA DICE AL UNIVERSO La tumba abierta dice al universo: «¡Vive! ¡Gritad, oh fuego, luz y brisa, corrientes primordiales, firme tierra, al Nazareno, dueño de la vida.» La tumba visitada está exultando: «¡Vive! ¡Gritad, montañas y colinas! Le disteis vuestra paz, vuestra hermosura, para estar con el Padre en sus vigilias.» La tumba perfumada lo proclama: «¡Vive! ¡Gritad, las plantas y semillas: le disteis la bebida y alimento y él os lleva en su carne florecida!» La tumba santa dice a las mujeres: «¡Vive! ¡Gritad, creyentes matutinas, la noticia feliz a los que esperan, y colmad a los hombres de alegría!» ¡Vive el Señor Jesús, está delante, está por dentro, está emanando vida! ¡Cante la vida el triunfo del Señor, su gloria con nosotros compartida! Amén. SALMODIA Ant. 1. Acuérdate de nosotros, Señor, visítanos con tu salvación. Aleluya. Salmo 105 I - BONDAD DE DIOS E INFIDELIDAD DEL PUEBLO A TRAVÉS DE LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN Dad gracias al Señor porque es bueno: porque es eterna su misericordia. ¿Quién podrá contar las hazañas de Dios, pregonar toda su alabanza? Dichosos los que respetan el derecho y practican siempre la justicia. Acuérdate de mí por amor a tu pueblo, visítame con tu salvación: para que vea la dicha de tus escogidos, y me alegre con la alegría de tu pueblo, y me gloríe con tu heredad. Hemos pecado como nuestros padres, hemos cometido maldades e iniquidades. Nuestros padres en Egipto no comprendieron tus maravillas; no se acordaron de tu abundante misericordia, se rebelaron contra el Altísimo en el mar Rojo, pero Dios los salvó por amor de su nombre, para manifestar su poder. Increpó al mar Rojo, y se secó, los condujo por el abismo como por tierra firme; los salvó de la mano del adversario, los rescató del puño del enemigo; las aguas cubrieron a los atacantes, y ni uno sólo se salvó: entonces creyeron sus palabras, cantaron su alabanza. Bien pronto olvidaron sus obras, y no se fiaron de sus planes: ardían de avidez en el desierto y tentaron a Dios en la estepa. Él les concedió lo que pedían, pero les mandó un cólico por su gula. Envidiaron a Moisés en el campamento, y a Aarón, el consagrado al Señor: se abrió la tierra y se tragó a Datán, se cerró sobre Abirón y sus secuaces; un fuego abrasó a su banda, una llama consumió a los malvados. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén Ant. Acuérdate de nosotros, Señor, visítanos con tu salvación. Aleluya. Ant. 2. No olvidéis la alianza que el Señor, vuestro Dios, pactó con vosotros. Salmo 105 II En Horeb se hicieron un becerro, adoraron un ídolo de fundición,1 cambiaron su Gloria por la imagen de un toro que come hierba. Se olvidaron de Dios, su salvador, que había hecho prodigios en Egipto, maravillas en el país de Cam, portentos junto al mar Rojo. Dios hablaba ya de aniquilarlos; pero Moisés, su elegido, se puso en la brecha frente a él para apartar su cólera del exterminio. Despreciaron una tierra envidiable, no creyeron en su palabra; murmuraban en las tiendas, no escucharon la voz del Señor. El alzó la mano y juró que los haría morir en el desierto, que dispersaría su estirpe por las naciones y los aventaría por los países. Se acoplaron con Baal Fegor, comieron de los sacrificios a dioses muertos; provocaron a Dios con sus perversiones, y los asaltó una plaga; pero Finés se levantó e hizo justicia, y la plaga cesó; y se le apuntó a su favor por generaciones sin término. Lo irritaron junto a las aguas de Meribá, Moisés tuvo que sufrir por culpa de ellos; le habían amargado el alma, y desvariaron sus labios. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén Ant. No olvidéis la alianza que el Señor, vuestro Dios, pactó con vosotros. Ant. 3. Sálvanos, Señor, y reúnenos de entre los gentiles. Aleluya. Salmo 105 III No exterminaron a los pueblos que el Señor les había mandado; emparentaron con los gentiles, imitaron sus costumbres; adoraron sus ídolos y cayeron en sus lazos; inmolaron a los demonios sus hijos y sus hijas; derramaron la sangre inocente y profanaron la tierra ensangrentándola; se marcharon con sus acciones y se prostituyeron con sus maldades. La ira del Señor se encendió contra su pueblo, y aborreció su heredad; los entregó en manos de gentiles, y sus adversarios los sometieron; sus enemigos los tiranizaban y los doblegaron bajo su poder. Cuántas veces los libró; mas ellos, obstinados en su actitud, perecían por sus culpas; pero él miró su angustia, y escuchó sus gritos. Recordando su pacto con ellos, se arrepintió con inmensa misericordia; hizo que movieran a compasión a los que los habían deportado. Sálvanos, Señor, Dios nuestro, reúnenos de entre los gentiles: daremos gracias a tu santo nombre, y alabarte será nuestra gloria. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, desde siempre y por siempre. Y todo el pueblo diga: «¡Amén!» Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén Ant. Sálvanos, Señor, y reúnenos de entre los gentiles. Aleluya. V. Mi corazón se alegra. Aleluya. R. Y te canto agradecido. Aleluya. PRIMERA LECTURA De los Hechos de los apóstoles 24, 1-27 PABLO ANTE EL PROCURADOR FÉLIX En aquellos días, bajó el sumo sacerdote Ananías con algunos ancianos y un tal Tértulo, que era abogado, para presentar demanda contra Pablo ante el procurador. Citado que hubieron a Pablo, empezó Tértulo su acusación en estos términos: «La gran paz de que gozamos, gracias a ti, y las mejoras que, por tu providencia, se han realizado en favor de nuestro pueblo son beneficios que siempre y en todas partes hemos recibido, óptimo Félix, con suma gratitud. Pero no quiero entretenerte demasiado; sólo te ruego que nos escuches unos momentos con tu acostumbrada bondad. Pues bien, nos consta que este hombre es una peste, que incita a la rebelión a todos los judíos por todo el imperio, y que es jefe de esa secta de los nazarenos. Hasta ha intentado profanar el templo. Por este motivo lo prendimos. Puedes tú mismo tomarle ahora declaración y cerciorarte por su misma boca de la verdad de todas nuestras acusaciones.» Los judíos, por su parte, se adhirieron a la acusación, asegurando que era verdad. A una señal del procurador, tomó Pablo la palabra y se expresó así: «Sabiendo que desde hace muchos años eres juez de esta nación, voy a hablar con toda confianza en mi defensa. Sabrás que no hace doce días que subí a Jerusalén a adorar a Dios, y que ni en el templo, ni en las sinagogas, ni por la ciudad me encontraron discutiendo con nadie o amotinando a la gente. Y de ningún modo pueden demostrar las acusaciones de que me hacen ahora objeto. Yo te declaro lo siguiente: Yo sirvo al Dios de mis padres según la doctrina y modo de vivir que ellos llaman secta. Pero yo conservo mi fe en todo cuanto se halla escrito en la ley y en los profetas, y tengo mi esperanza fundada en Dios, como la tienen ellos mismos, de que habrá resurrección de buenos y malos. Por esto me esfuerzo también yo mismo en tener siempre una conciencia limpia ante Dios y ante los hombres. Al cabo, pues, de muchos años he venido a traer las limosnas recogidas para los de mi nación y a ofrecer sacrificios. Y en esa ocasión, cuando estaba yo purificado, me encontraron en el templo, pero sin haber provocado yo revuelta ni alboroto alguno. Y los que me encontraron fueron algunos judíos de la provincia romana de Asia. Éstos son los que deberían presentarse aquí, y acusarme si tenían algo contra mí. O bien, que digan estos mismos qué crimen encontraron en mí, cuando comparecí ante el Consejo, como no fuese esta sola frase, que en medio de ellos proferí en alta voz; "Por defender la resurrección de los muertos me encuentro hoy procesado ante vosotros."» Félix, que estaba bien al tanto de cuanto a esta doctrina se refería, difirió el proceso, diciendo: «Cuando baje el tribuno Lisias, examinaré a fondo vuestra causa.» Y dio orden al centurión de custodiar a Pablo, pero de dejarle cierta libertad, permitiendo a sus amigos que le socorriesen. Algunos días más tarde, se presentó Félix con su mujer Drusila, que era judía. Y, habiendo mandado llamar a Pablo, lo oyó hablar acerca de la fe en Cristo Jesús. Según iba hablando Pablo sobre la justificación, la continencia y el juicio final, Félix se llenó de terror y le dijo: «Por ahora retírate. Ya te llamaré cuando tenga tiempo.» Esperaba, por otra parte, que Pablo le diese dinero, y por eso lo hacía llamar muchas veces y conversaba con él. Así transcurrieron dos años. A Félix, le sucedió Porcio Festo; y Félix, queriendo congraciarse con los judíos, dejó a Pablo en la prisión. RESPONSORIO Jn 5, 28-29; Hch 24, 14. 15 R. Llega la hora en que los que están en el sepulcro oirán la voz del Hijo de Dios. * Los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida. Aleluya. V. Sirvo al Dios de mis Padres, y tengo mi esperanza fundada en Dios de que habrá resurrección de buenos y malos. R. Los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida. Aleluya. SEGUNDA LECTURA De las Homilías de san Gregorio de Nisa, obispo, sobre el Cantar de los cantares (Homilía 15: PG 44, 1115-1118) YO LES HE DADO LA GLORIA QUE TÚ ME DISTE Cuando el amor llega a eliminar del todo el temor, el mismo temor se convierte en amor; entonces llega a comprenderse que la unidad es lo que alcanza la salvación, cuando estamos todos unidos, por nuestra íntima adhesión al solo y único bien, por la perfección de la que nos hace participar la paloma mística. Algo de esto podemos deducir de aquellas palabras: Es única mi paloma, mi perfecta; es la única hija de su madre, la predilecta de quien la engendró. Pero las palabras del Señor en el Evangelio nos enseñan esto mismo de una manera más clara. Él, en efecto, habiendo dado, por su bendición, todo poder a sus discípulos, otorgó también los demás bienes a sus elegidos, mediante las palabras con que se dirige al Padre, añadiendo el más importante de estos bienes, el de que, en adelante, no estén ya divididos por divergencia alguna en la apreciación del bien, sino que sean una sola cosa, por su unión con el solo y único bien. Así, unidos en la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz, como dice el Apóstol, serán todos un solo cuerpo y un solo espíritu, por la única esperanza a la que han sido llamados. Pero será mejor citar literalmente las divinas palabras del Evangelio: Para que todos sean uno -dice-; para que, así como tú, Padre, estás en mi y yo en ti, sean ellos una cosa en nosotros. El nexo de esta unidad es la gloria. Nadie podrá negar razonablemente que este nombre, gloria, se atribuye al Espíritu Santo, si se fija en las palabras del Señor, cuando dice: Yo les he dado la gloria que tú me diste. De hecho, dio esta gloria a los discípulos, cuando les dijo: Recibid el Espíritu Santo. Y esta gloria que él poseía desde siempre, antes de la existencia del mundo, la recibió él también al revestirse de la naturaleza humana; y, una vez que esta naturaleza humana de Cristo fue glorificada por el Espíritu Santo, la gloria del Espíritu fue comunicada a todo ser que participa de esta naturaleza, empezando por los apóstoles. Por esto dice: Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos y tú en mi para que sean perfectos en la unidad. Por esto, todo aquel que va creciendo de la niñez hasta alcanzar el estado de hombre perfecto llega a aquella madurez espiritual, capaz de entender las cosas, capaz, por fin, de la gloria del Espíritu Santo, por su pureza de vida, limpia de todo defecto; éste es la paloma perfecta a la que se refiere el Esposo cuando dice: Es única mi paloma, mi perfecta. RESPONSORIO Cf. Jn 15, 15; cf. 14, 26; 15, 14 R. Ya no os llamaré siervos, sino amigos; porque sabéis todo lo que he hecho en medio de vosotros. * Recibid en vosotros el Espíritu Santo, el Abogado que el Padre os enviará. Aleluya. V. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando. R. Recibid en vosotros el Espíritu Santo, el Abogado que el Padre os enviará. Aleluya. ORACIÓN. OREMOS, Mueve, Señor, nuestros corazones para que se adhieran siempre a obrar el bien; que, tendiendo sin desfallecer hacia lo mejor, alcancemos vivir también en la eternidad los bienes del misterio pascual. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén CONCLUSIÓN V. Bendigamos al Señor. R. Demos gracias a Dios. Of La Tr Sx Nn Vs Cm LAUDES (Oración de la mañana) INVOCACIÓN INICIAL V. Señor, abre mis labios R. Y mi boca proclamará tu alabanza. INVITATORIO Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya. Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. Porque el Señor es un Dios grande, soberano de todos los dioses: tiene en su mano las simas de la tierra, son suyas las cumbres de los montes; suyo es el mar, porque él lo hizo, la tierra firme que modelaron sus manos. Venid, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras. Durante cuarenta años aquella generación me repugnó, y dije: Es un pueblo de corazón extraviado, que no reconoce mi camino; por eso he jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso» Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén VELARON LAS ESTRELLAS Velaron las estrellas el sueño de su muerte, sus luces de esperanzas las recogió ya el sol, en haces luminosos la aurora resplandece, es hoy el nuevo día en que el Señor actuó. Los pobres de sí mismos creyeron su palabra, la noche de los hombres fue grávida de Dios, él dijo volvería colmando su esperanza, más fuerte que la muerte fue su infinito amor. De angustia estremecida lloró y gimió la tierra, en lágrimas y sangre su humanidad vivió, pecado, mal y muerte perdieron ya su fuerza, el Cristo siempre vivo es hoy nuestro blasón. De gozo reverdecen los valles y praderas, los pájaros y flores, su canto y su color, celebran con los hombres la eterna primavera del día y la victoria en que el Señor actuó. Recibe, Padre santo, las cánticos y amores de cuantos en tu Hijo hallaron salvación, tu Espíritu divino nos llene de sus dones, los hombres y los pueblos se abran a tu Amor. Amén. SALMODIA Ant. 1. Tus acciones, Señor, son mi alegría, y mi júbilo las obras de tus manos. Aleluya. Salmo 91 - ALABANZA A DIOS QUE CON SABIDURÍA Y JUSTICIA DIRIGE LA VIDA DE LOS HOMBRES. Es bueno dar gracias al Señor y tocar para tu nombre, oh Altísimo, proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad, con arpas de diez cuerdas y laúdes sobre arpegios de cítaras. Tus acciones, Señor, son mi alegría, y mi júbilo, las obras de tus manos. ¡Qué magníficas son tus obras, Señor, qué profundos tus designios! El ignorante no los entiende ni el necio se da cuenta. Aunque germinen como hierba los malvados y florezcan los malhechores, serán destruidos para siempre. Tú, en cambio, Señor, eres excelso por los siglos. Porque tus enemigos, Señor, perecerán, los malhechores serán dispersados; pero a mí me das la fuerza de un búfalo y me unges con aceite nuevo. Mis ojos no temerán a mis enemigos, mis oídos escucharán su derrota. El justo crecerá como una palmera y se alzará como un cedro del Líbano: plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios; en la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso, para proclamar que el Señor es justo, que en mi Roca no existe la maldad. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén Ant. Tus acciones, Señor, son mi alegría, y mi júbilo las obras de tus manos. Aleluya. Ant. 2. Él nos hace morir y él nos da la vida; él nos hirió y él nos vendará. Aleluya. Cántico: BENEFICIOS DE DIOS PARA CON SU PUEBLO Dt 32, 1-12 Escuchad, cielos, y hablaré; oye, tierra, los dichos de mi boca; descienda como lluvia mi doctrina, destile como rocío mi palabra; como llovizna sobre la hierba, como sereno sobre el césped; voy a proclamar el nombre del Señor: dad gloria a nuestro Dios. Él es la Roca, sus obras son perfectas, sus caminos son justos, es un Dios fiel, sin maldad; es justo y recto. Hijos degenerados, se portaron mal con él, generación malvada y pervertida. ¿Así le pagas al Señor, pueblo necio e insensato? ¿no es él tu padre y tu creador, el que te hizo y te constituyó? Acuérdate de los días remotos, considera las edades pretéritas, pregunta a tu padre y te lo contará, a tus ancianos y te lo dirán: Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad, y distribuía a los hijos de Adán, trazando las fronteras de las naciones, según el número de los hijos de Dios, la porción del Señor fue su pueblo, Jacob fue la parte de su heredad. Lo encontró en una tierra desierta, en una soledad poblada de aullidos: lo rodeó cuidando de él, lo guardó como a las niñas de sus ojos. Como el águila incita a su nidada, revolando sobre los polluelos, así extendió sus alas, los tomó y los llevó sobre sus plumas. El Señor solo los condujo no hubo dioses extraños con él. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén Ant. Él nos hace morir y él nos da la vida; él nos hirió y él nos vendará. Aleluya. Ant. 3. Coronaste de gloria y dignidad a tu Cristo. Aleluya. Salmo 8 - MAJESTAD DEL SEÑOR Y DIGNIDAD DEL HOMBRE. Señor, dueño nuestro, ¡que admirable es tu nombre en toda la tierra! Ensalzaste tu majestad sobre los cielos. De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza contra tus enemigos, para reprimir al adversario y al rebelde. Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos; la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él; el ser humano, para darle poder? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies: rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por las aguas. Señor, dueño nuestro, ¡que admirable es tu nombre en toda la tierra! Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén Ant. Coronaste de gloria y dignidad a tu Cristo. Aleluya. LECTURA BREVE Rm 14, 7-9 Ninguno de nosotros vive para sí y ninguno muere para sí. Que si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, para el Señor morimos. En fin, que tanto en vida como en muerte somos del Señor. Para esto murió Cristo y retornó a la vida, para ser Señor de vivos y muertos. RESPONSORIO BREVE V. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya. R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya. V. El que por nosotros colgó del madero. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya. CÁNTICO EVANGÉLICO Ant. Yo os lo aseguro: cuanto pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá. Aleluya. Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79 Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo. suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas: Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén Ant. Yo os lo aseguro: cuanto pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá. Aleluya. PRECES Oremos a Cristo, que nos ha manifestado la vida eterna, y digámosle confiados: Que tu resurrección, Señor, nos haga crecer en gracia. Pastor eterno, contempla con amor a tu pueblo, que se levanta ahora del descanso, y aliméntalo durante este día con tu palabra y tu eucaristía. No permitas que seamos arrebatados por el lobo que devora o entregados por el mercenario que huye, sino haz que escuchemos siempre tu voz de buen pastor. Tú que actúas siempre juntamente con los ministros de tu Evangelio y confirmas su palabra con tu gracia, haz que durante este día proclamemos tu resurrección con nuestras palabras y con nuestra vida. Sé, Señor, tú mismo nuestro gozo, el gozo que nadie puede arrebatarnos, y haz que, alejados de toda tristeza, fruto del pecado, tengamos hambre de poseer tu vida eterna. Se pueden añadir algunas intenciones libres. Concluyamos nuestra oración, diciendo juntos las palabras de Jesús, nuestro maestro: Padre nuestro... ORACIÓN Mueve, Señor, nuestros corazones para que se adhieran siempre a obrar el bien; que, tendiendo sin desfallecer hacia lo mejor, alcancemos vivir también en la eternidad los bienes del misterio pascual. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén. CONCLUSIÓN V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R. Amén. Of La Tr Sx Nn Vs Cm HORA TERCIA V. Dios mío, ven en mi auxilio R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. Himno: AL SEÑOR CONFESAMOS, ¡ALELUYA! Al Señor confesamos, ¡aleluya! En la hora de tercia a la mañana se llenaron los suyos de esperanza, y lejos de la noche y de la duda salieron con la llama y la palabra. Al Señor adoramos, ¡aleluya! Han marcado sus pies nuestros caminos, marcó su nombre el nombre de los siglos, y en la tierra su voz cual voz ninguna convoca seguidores y testigos. Al Señor esperamos, ¡aleluya! Y ahora celebramos al Viviente, a Jesús victorioso de la muerte; acéptanos, oh Cristo, cual liturgia de gloria que ganaste y a ti vuelve. Amén. SALMODIA Ant. Aleluya, aleluya, aleluya. Salmo 119 - DESEO DE LA PAZ En mi aflicción llamé al Señor, y él me respondió. Líbrame, Señor, de los labios mentirosos, de la lengua traidora. ¿Qué te va a dar o a mandar Dios, lengua traidora? Flechas de arquero, afiladas con ascuas de retama. ¡Ay de mí, desterrado en Masac, acampado en Cadar! Demasiado llevo viviendo con los que odian la paz; cuando yo digo: «Paz», ellos dicen: «Guerra». Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Salmo 120 - EL GUARDIÁN DEL PUEBLO. Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel. El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche. El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Salmo 121 LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN ¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia en el palacio de David. Desead la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios.» Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo.» Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Aleluya, aleluya, aleluya. LECTURA BREVE Rm 5, 10-11 Si, siendo aún enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, con mayor razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo eso. Hasta ponemos nuestra gloria y confianza en Dios gracias a nuestro Señor Jesucristo, por cuyo medio hemos obtenido ahora la reconciliación. V. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya. R. Y se ha aparecido a Simón. Aleluya. ORACIÓN OREMOS, Mueve, Señor, nuestros corazones para que se adhieran siempre a obrar el bien; que, tendiendo sin desfallecer hacia lo mejor, alcancemos vivir también en la eternidad los bienes del misterio pascual. Por Cristo nuestro Señor. Amén CONCLUSIÓN V. Bendigamos al Señor. R. Demos gracias a Dios. Of La Tr Sx Nn Vs Cm HORA SEXTA V. Dios mío, ven en mi auxilio R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. Himno: VERBO DE DIOS, EL SOL DE MEDIODÍA Verbo de Dios, el sol de mediodía, amable mensajero de tu rostro, fecunda nuestra tierra y la hermosea como fuente de luz, de vida y gozo. Más hermoso tu cuerpo, que es pleroma del infinito amor jamás gastado; y de ese mar sin fondo ni ribera la Iglesia es tu pleroma continuado. Verbo de Dios, que reinas sin fatiga, que emerges victorioso del trabajo, reina dichoso tú que nos esperas mientras nosotros vamos caminando. Amén. SALMODIA Ant. Aleluya, aleluya, aleluya. Salmo 118, 81-88 Me consumo ansiando tu salvación, y espero en tu palabra; mis ojos se consumen ansiando tus promesas, mientras digo: ¿cuándo me consolarás? Estoy como un odre puesto al humo, pero no olvido tus leyes. ¿Cuántos serán los días de tu siervo? ¿Cuándo harás justicia de mis perseguidores? Me han cavado fosas los insolentes, ignorando tu voluntad; todos tus mandatos son leales, sin razón me persiguen, protégeme. Casi dieron conmigo en la tumba, pero yo no abandoné tus decretos; por tu bondad dame vida, para que observe los preceptos de tu boca. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Salmo 60 - ORACIÓN DE UN DESTERRADO Dios mío, escucha mi clamor, atiende a mi súplica; te invoco desde el confín de la tierra con el corazón abatido: llévame a una roca inaccesible, porque tú eres mi refugio y mi bastión contra el enemigo. Habitaré siempre en tu morada, refugiado al amparo de tus alas; porque tú, ¡oh Dios!, escucharás mis deseos y me darás la heredad de los que veneran tu nombre. Añade días a los días del rey, que sus años alcancen varias generaciones; que reine siempre en presencia de Dios, que tu gracia y tu lealtad le hagan guardia. Yo tañeré siempre en tu honor, e iré cumpliendo mis votos día tras día. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Salmo 63 - SÚPLICA CONTRA LOS ENEMIGOS Escucha, ¡oh Dios!, la voz de mi lamento, protege mi vida del terrible enemigo; escóndeme de la conjura de los perversos y del motín de los malhechores: afilan sus lenguas como espadas y disparan como flechas palabras venenosas, para herir a escondidas al inocente, para herirlo por sorpresa y sin riesgo. Se animan al delito, calculan cómo esconder trampas, y dicen: «¿Quién lo descubrirá?» Inventan maldades y ocultan sus invenciones, porque su mente y su corazón no tienen fondo. Pero Dios los acribilla a flechazos, por sorpresa los cubre de heridas; su misma lengua los lleva a la ruina, y los que lo ven menean la cabeza. Todo el mundo se atemoriza, proclama la obra de Dios y medita sus acciones. El justo se alegra con el Señor, se refugia en él, y se felicitan los rectos de corazón. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Aleluya, aleluya, aleluya. LECTURA BREVE 1Co 15, 20-22 Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Lo mismo que por un hombre hubo muerte, por otro hombre hay resurrección de los muertos. Y lo mismo que en Adán todos mueren, en Cristo todos serán llamados de nuevo a la vida. V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. R. Al ver al Señor. Aleluya. ORACIÓN OREMOS, Mueve, Señor, nuestros corazones para que se adhieran siempre a obrar el bien; que, tendiendo sin desfallecer hacia lo mejor, alcancemos vivir también en la eternidad los bienes del misterio pascual. Por Cristo nuestro Señor. Amén CONCLUSIÓN V. Bendigamos al Señor. R. Demos gracias a Dios. Of La Tr Sx Nn Vs Cm HORA NONA V. Dios mío, ven en mi auxilio R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. Himno: REINA EL SEÑOR ALLÍ DONDE NINGUNO Reina el Señor allí donde ninguno ciñe corona que haya dado el mundo; reina el Señor allí donde la vida sin lágrimas es río de delicias. Reina el Señor, el compasivo siervo, que en sus hombros cargó nuestro madero; vive el muerto en la cruz, el sepultado y con hierro sellado y custodiado. Cruzó el oscuro valle de la muerte hasta bajar a tumba de rebeldes; fingía que era suya nuestra pena, y en silencio escuchó nuestra sentencia. Pero reina el Señor, la tierra goza, y ya se escuchan los cánticos de boda. ¡Gloria al Señor Jesús resucitado, nuestra esperanza y triunfo deseado! Amén. SALMODIA Ant. Aleluya, aleluya, aleluya. Salmo 125 - DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA. Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con ellos.» El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. Que el Señor cambie nuestra suerte como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. Al ir, iban llorando, llevando la semilla; al volver, vuelven cantando, trayendo sus gavillas. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Salmo 126 - EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS. Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas. Es inútil que madruguéis, que veléis hasta muy tarde, los que coméis el pan de vuestros sudores: ¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen! La herencia que da el Señor son los hijos; una recompensa es el fruto de las entrañas: son saetas en mano de un guerrero los hijos de la juventud. Dichoso el hombre que llena con ellas su aljaba: no quedará derrotado cuando litigue con su adversario en la plaza. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Salmo 127 - PAZ DOMÉSTICA EN EL HOGAR DEL JUSTO ¡Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos! Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien; tu mujer, como una vid fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa: ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida; que veas a los hijos de tus hijos. ¡Paz a Israel! Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Aleluya, aleluya, aleluya. LECTURA BREVE 2Co 5, 14-15 El amor de Cristo nos apremia, al pensar que, si uno murió por todos, consiguientemente todos murieron en él; y murió por todos, para que los que viven no vivan ya para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. V. Quédate con nosotros, Señor. Aleluya. R. Porque ya es tarde. Aleluya. ORACIÓN OREMOS, Mueve, Señor, nuestros corazones para que se adhieran siempre a obrar el bien; que, tendiendo sin desfallecer hacia lo mejor, alcancemos vivir también en la eternidad los bienes del misterio pascual. Por Cristo nuestro Señor. Amén CONCLUSIÓN V. Bendigamos al Señor. R. Demos gracias a Dios. Of La Tr Sx Nn Vs Cm I VÍSPERAS Oración de la tarde V. Dios mío, ven en mi auxilio R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. Himno: NO, YO NO DEJO LA TIERRA «No, yo no dejo la tierra. No, yo no olvido a los hombres. Aquí, yo he dejado la guerra; arriba, están vuestros nombres.» ¿Qué hacéis mirando al cielo, varones, sin alegría? Lo que ahora parece un vuelo ya es vuelta y es cercanía. El gozo es mi testigo. La paz, mi presencia viva, que, al irme, se va conmigo la cautividad cautiva. El cielo ha comenzado. Vosotros sois mi cosecha. El Padre ya os ha sentado conmigo, a su derecha. Partid frente a la aurora. Salvad a todo el que crea. Vosotros marcáis mi hora. Comienza vuestra tarea. Amén. SALMODIA Ant. 1. Salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y voy al Padre. Aleluya. Salmo 112 - ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre: de la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor. El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos. ¿Quién como el Señor Dios nuestro, que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo; a la estéril le da un puesto en la casa, como madre feliz de hijos. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén Ant. Salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y voy al Padre. Aleluya. Ant. 2. Después de haber tratado con ellos, el Señor Jesús fue elevado al cielo, y allí está sentado a la diestra de Dios. Aleluya. Salmo 116 - INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA. Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos: Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén Ant. Después de haber tratado con ellos, el Señor Jesús fue elevado al cielo, y allí está sentado a la diestra de Dios. Aleluya. Ant. 3. Nadie sube al cielo sino aquel que ha bajado del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo. Aleluya. Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap. 11, 17-18; 12, 10b-12a Gracias te damos, Señor Dios omnipotente, el que eres y el que eras, porque has asumido el gran poder y comenzaste a reinar. Se encolerizaron las naciones, llegó tu cólera, y el tiempo de que sean juzgados los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, y a los santos y a los que temen tu nombre, y a los pequeños y a los grandes, y de arruinar a los que arruinaron la tierra. Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo; porque fue precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche. Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron, y no amaron tanto su vida que temieran la muerte. Por esto, estad alegres, cielos, y los que moráis en sus tiendas. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén Ant. Nadie sube al cielo sino aquel que ha bajado del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo. Aleluya. LECTURA BREVE Ef 2, 4-6 Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos por nuestros pecados, nos vivificó con Cristo -por pura gracia habéis sido salvados- y nos resucitó con él, y nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús. RESPONSORIO BREVE V. Dios asciende entre aclamaciones. Aleluya, aleluya. R. Dios asciende entre aclamaciones. Aleluya, aleluya. V. El Señor, al son de trompetas. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R. Dios asciende entre aclamaciones. Aleluya, aleluya. CÁNTICO EVANGÉLICO Ant. Padre, he dado a conocer tu nombre a los hombres que me diste; te ruego por ellos, no por el mundo, ahora que voy a ti. Aleluya. Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55 Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abraham y su descendencia por siempre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén Ant. Padre, he dado a conocer tu nombre a los hombres que me diste; te ruego por ellos, no por el mundo, ahora que voy a ti. Aleluya. PRECES Aclamemos, alegres, a Jesucristo, que se ha sentado hoy a la derecha del Padre, y digámosle: Cristo, tú eres el rey de la gloria. Rey de la gloria, que has querido glorificar por medio de tu cuerpo la fragilidad de nuestra carne, elevándola hasta la gloria del cielo, purifícanos de toda mancha y devuélvenos nuestra antigua dignidad. Tú que por amor descendiste hasta nosotros, haz que también nosotros por amor subamos hasta ti. Tú que prometiste atraer a todos hacia ti, no permitas que nosotros seamos apartados de la unidad de tu cuerpo. Tú que nos has precedido al cielo en tu ascensión gloriosa, haz que te sigamos ahí con nuestro corazón y nuestra mente. Se pueden añadir algunas intenciones libres. Ya que te esperamos como Dios, juez de todos los hombres, haz que un día podamos contemplarte en tu gloria y majestad, junto con nuestros hermanos difuntos. Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre, repitiendo la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro... ORACIÓN Concédenos, Señor, rebosar de alegría al celebrar la gloriosa ascensión de tu Hijo, y elevar a ti una cumplida acción de gracias, pues el triunfo de Cristo es ya nuestra victoria y, ya que él es la cabeza de la Iglesia, haz que nosotros, que somos su cuerpo, nos sintamos atraídos por una irresistible esperanza hacia donde él nos precedió. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén. CONCLUSIÓN V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R. Amén. Of La Tr Sx Nn Vs Cm COMPLETAS (Oración antes del descanso nocturno) INVOCACIÓN INICIAL V. Dios mío, ven en mi auxilio R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. EXAMEN DE CONCIENCIA Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados. Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión: por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor. V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. R. Amén. Himno: EL CORAZÓN SE DILATA El corazón se dilata sin noche en tu santo cuerpo, oh morada iluminada, mansión de todo consuelo. Por tu muerte sin pecado, por tu descanso y tu premio, en ti, Jesús, confiamos, y te miramos sin miedo. Como vigilia de amor te ofrecemos nuestro sueño; tú que eres el paraíso, danos un puesto en tu reino. Amén. SALMODIA Ant. Aleluya, aleluya, aleluya. Salmo 4 - ACCIÓN DE GRACIAS. Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío; tú que en el aprieto me diste anchura, ten piedad de mí y escucha mi oración. Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor, amaréis la falsedad y buscaréis el engaño? Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor, y el Señor me escuchará cuando lo invoque. Temblad y no pequéis, reflexionad en el silencio de vuestro lecho; ofreced sacrificios legítimos y confiad en el Señor. Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha, si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?» Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría que si abundara en trigo y en vino. En paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú sólo, Señor, me haces vivir tranquilo. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén Salmo 133 - ORACIÓN VESPERTINA EN EL TEMPLO Y ahora bendecid al Señor, los siervos del Señor, los que pasáis la noche en la casa del Señor: Levantad las manos hacia el santuario, y bendecid al Señor. El Señor te bendiga desde Sión: el que hizo cielo y tierra. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén Ant. Aleluya, aleluya, aleluya. LECTURA BREVE Dt 6,4-7 Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria; se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado. RESPONSORIO BREVE V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya. R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya. V. Tú, el Dios leal, nos librarás. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya. CÁNTICO EVANGÉLICO Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz. Aleluya. CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32 Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz. Aleluya. ORACIÓN OREMOS, Guárdanos, Señor, durante esta noche y haz que mañana, ya al clarear el nuevo día, la celebración del domingo nos llene con la alegría de la resurrección de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén BENDICIÓN V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte. R. Amén. ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN Reina del cielo, alégrate, aleluya, porque Cristo, a quien llevaste en tu seno, aleluya, ha resucitado, según su palabra, aleluya. Ruega al Señor por nosotros, aleluya. Of La Tr Sx Nn Vs Cm www.liturgiadelashoras.com.ar

jueves, 17 de mayo de 2012

Moniciones y Oración de los Fieles: VII Domingo de Pascua/ La Ascensión del Señor
20 de mayo de 2012

Moniciones y Oración de los Fieles: VII Domingo de Pascua/ La Ascensión del Señor
20 de mayo de 2012 MONICIÓN DE ENTRADA Reciban nuestra más cordial bienvenida a esta Eucaristía del Séptimo Domingo de Pascua, en el que celebramos la Ascensión del Señor. Reflexionemos, un poco, hermanos, en esta hora, sobre los momentos que hemos acudido aquí, durante la Cuaresma y la Pascua, para aprender y a amar con la enseñanza de Jesús. Hoy, Él se marcha, pero no se va, queda con nosotros. Estará –lo ha prometido—hasta el final de los tiempos. Sin duda, es una jornada para reflexionar y hacer balance, a la espera del domingo que viene, el de Pentecostés, en el que vendrá el Espíritu Santo a enseñárnoslo todo. También es promesa de Jesús. Decirles, además, que celebramos hoy la Jornada Mundial y Pontificia dedicada a los Medios de Comunicación, en la que se pone especial énfasis en las nuevas tecnologías –en Internet, por ejemplo—para la transmisión de la Palabra de Dios. Es otro punto interesante de reflexión… Iniciemos con total alegría nuestra celebración de hoy. Nos ponemos de pie para recibir a nuestro Celebrante y sus acompañantes con la alegría de un canto. MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS 1.- En el inicio del Libro de los Hechos de los Apóstoles, que es nuestra primera lectura de hoy, se narra el momento de la Ascensión del Señor. Es el final de la etapa temporal de Jesús en la tierra. Es lo fundamental de hoy, pero es bueno llamar la atención sobre el empecinamiento de los apóstoles al respecto de la "construcción del reino de este mundo". Jesús ha permanecido cuarenta días a su lado, con unas características físicas tan especiales que era ya difícil dudar sobre su divinidad. Y sin embargo, los discípulos hablan del "éxito futuro y material". Escuchemos con atención. 2.- En la segunda lectura, tomada de la Carta a los Efesios, va a ser Pablo quien ponga el matiz más universal. Cristo está sentado a la derecha de Dios, en el cielo, y por encima de cualquier criatura o poder. Crea y condensa San Pablo, además, la doctrina de la Iglesia y de su Cabeza, el Señor Jesús. Escuchemos. 3.- El evangelio de Marcos es el más conciso de todos los sinópticos referidos a la Ascensión. Expresa, expresa sobre todo, que “ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios” y, sobre todo, marca el principio y el fin de la misión encargada a los apóstoles y a todos los discípulos de todos los tiempos. Vamos a escuchar una de las piezas más bellas de los evangelios. Nos ponemos de pie, para escuchar la proclamación del Santo Evangelio. La oración de los fieles VII Domingo de Pascua/ La Ascensión del Señor
20 de mayo de 2012 Celebrante Jesús después de vencer a la muerte va a reunirse con el Padre, a prepararnos un sitio junto a la Santísima Trinidad. Hoy ponemos en sus manos estas plegarias para que las presente al Padre en nuestro nombre. Repetimos: DIOS PADRE ESCUCHANOS Monitor 1. – Padre, cuida al Papa a los obispos y a todos los que en tu nombre predican el Evangelio como tu nos dijiste, para que su mensaje sea acogido en todos los corazones. OREMOS AL SEÑOR 2. – Padre, te presentamos a aquellos que andan lejos de ti y aquellos que aún no te conocen, hazte presente en ellos a través de nosotros que hemos experimentado la resurrección de tu Hijo. OREMOS AL SEÑOR 3. – Padre, mira a todos aquellos que sufren por causa de enfrentamientos y luchas haz presente tu paz ante ellos y que al reconocerte como Padre vean a los demás como hermanos. OREMOS AL SEÑOR 4. – Padre, sabemos que tu Hijo se ha quedado presente en los enfermos y en los débiles, vuelve nuestro corazón a ellos y haz que viendo el rostro de Cristo nuestra actitud hacia ellos sea más amorosa. OREMOS AL SEÑOR 5. – Padre, aviva el corazón de los dirigentes de este mundo, para que busquen el servicio a su pueblo y estos crezcan en Paz y prosperidad. OREMOS AL SEÑOR 6.- Por la Jornada Mundial de los Medios de Comunicación, para que las nuevas tecnología, y especial Internet, sean para transmitir fielmente la Palabra de Dios OREMOS AL SEÑOR 7.- Por la Obra Por Cristo…Mas, Mas, Mas, para que esta permanezca en su afán y fidelidad en la transmisión de Tu Palabra por medio de la Internet. OREMOS AL SEÑOR 8. – Padre, anima el alma de los que aquí estamos presentes para que siguiendo tu mandato proclamemos tu Evangelio a toda la creación. OREMOS AL SEÑOR Celebrante Padre, sabemos que atenderás estas plegarias que te presentamos a través de tu Hijo. Nuestro corazón tiene otras inquietudes que también te presentamos por Jesucristo nuestro Señor Amen. Fuente: Adaptado de www.betania.es

Lecturas: VII Domingo de Pascua / Solemnidad de la Ascensión del Señor
20 de mayo de 2012

Lecturas: VII Domingo de Pascua / Solemnidad de la Ascensión del Señor
20 de mayo de 2012 PRIMERA LECTURA LECTURA DEL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 1, 1-11 En mí primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo y, apareciéndose durante cuarenta días, les hablo del reino de Dios. Una vez que comían juntos les recomendó: -- No es alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua; dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo. Ellos le rodearon preguntándole: -- Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel? Jesús contestó: -- No es toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo. Dicho esto, lo vieron levantarse hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban atentos al cielo, viéndole irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: -- Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse. Palabra de Dios SALMO RESPONSORIAL SALMO 46 R.- DIOS ASCIENDE ENTRE ACLAMACIONES, EL SEÑOR, AL SON DE TROMPETAS. Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo; porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra. R.- Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas; tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad. R.- Porque Dios es el Rey del mundo; tocad con maestría. Dios reina sobre las naciones; Dios se sienta en su trono sagrado. R.- SEGUNDA LECTURA LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS 1, 17-23 Hermanos: Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de la Gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cual es la esperanza a la que os llama, cuál es la riqueza de gloria que da en herencia a los santos y cual es la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuera y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en el mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajos sus pies y lo dio a la Iglesia; como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud de lo que acaba todo en todos. Palabra de Dios ALELUYA Mt 28, 19-20 Id y haced discípulos de todos los pueblos, dice el Señor. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. EVANGELIO LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 16, 15-20 En aquel tiempo se apareció Jesús a los Once y les dijo: -- Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos Después de hablarles, el Señor Jesús, ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos que los acompañaban. Palabra de Señor Fuente: www.betania.es

La homilía de Betania: VII Domingo de Pascua / Solemnidad de la Ascensión del Señor
20 de mayo de 2012

La homilía de Betania: VII Domingo de Pascua / Solemnidad de la Ascensión del Señor
20 de mayo de 2012 1.- PROCLAMAR EL EVANGELIO A TODA LA CREACIÓN Por Antonio García-Moreno 1.- COMO LOS PRIMEROS.- San Lucas quiso dejar constancia por escrito no sólo de la vida de Jesucristo, sino también de la de su Santa Iglesia. Al fin y al cabo ella es su prolongación, su Cuerpo místico, el Cristo total. Gracias a sus relatos conocemos la vida de los primeros cristianos, los inicios fundacionales, las líneas maestras que habían de caracterizar para siempre el estilo de todos los cristianos de la Historia. En esos primeros tiempos, bajo una especial asistencia del Espíritu Santo, se marca para siempre la dirección por la que luego la Iglesia habría de caminar. De ahí que haya un empeño permanente en volver a los principios para adecuar a ellos el presente. Y esto que ocurre a escala universal, ha de ocurrir también a nivel personal. Cada uno ha de releer estas páginas inspiradas del libro de los Hechos de los Apóstoles, para ver hasta qué punto nuestra vida de cristianos es como la de aquellos primeros. Fueron tiempos difíciles y heroicos que han quedado para siempre como un modelo que imitar, un ideal de vida que intentar. Es cierto que las circunstancias son muy diversas, pero también es cierto que el espíritu que les animaba pervive y que, dejando a un lado lo accidental, es posible reproducir en nosotros las virtudes que ellos vivían. Era necesario que aquellos primeros se convencieran plenamente de que la Resurrección era un hecho incontrovertible. Ellos habían de ser los testigos cualificados, los primeros, de que Jesús seguía vivo, presente en la Historia de los hombres. Por eso el Señor insiste y se les aparece una y otra vez. San Pablo recogerá este dato, hablando de que hasta unas quinientas personas llegaron a ver a Jesús resucitado. Después de todo aquello se persuadirán de la Resurrección de Cristo, y de tal forma que nada ni nadie les hará callar. Por todos los rincones del mundo y de los tiempos resonará el mensaje de los primeros, la buena noticia de que Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, después de morir crucificado para redimir a los hombres, ha resucitado y ha subido a los Cielos. Pero esa noticia maravillosa era algo más que una mera noticia. Ese mensaje llevaba, y lleva, consigo unas exigencias y también unas promesas. Jesucristo con su muerte y resurrección, lo mismo que con su vida entera, nos traza un camino a seguir, un itinerario a recorrer día a día. También nosotros, si creemos en él, hemos de vivir y morir como él vivió y murió. Sólo así podremos luego resucitar con él y subir a los Cielos como él subió. Ojalá que la esperanza de una gloria eterna nos estimule, de continuo, a vivir nuestra existencia terrena como Jesús la vivió. 2.- EXALTACIÓN SUPREMA DE CRISTO.- Este domingo, dentro de la nueva distribución litúrgica, celebramos la Ascensión del Señor. La Iglesia, como buena Madre que es, se acopla dentro de lo posible a las exigencias de los tiempos y de la sociedad. Lo importante es rememorar en nuestra mente y en nuestro corazón el momento en que Cristo, Señor nuestro, subió a los cielos para sentarse a la derecha de Dios Padre. Es decir, Jesús culmina su vida en la tierra elevándose al Cielo, para recibir toda la gloria que como a Hijo de Dios le corresponde. Él se anonadó y tomó la forma de siervo, se hizo obediente hasta la muerte y muerte de Cruz. Él bajó hasta lo más hondo de la miseria humana. Él se hizo maldito, nos viene a decir San Pablo, dejándose colgar de un madero, patíbulo de malhechores. Por eso precisamente, Dios lo exaltó y le dio un nombre sobre todo nombre, de modo que ante él doble la rodilla cuanto hay en los cielos y en la tierra y en los infiernos, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre. Pero antes de marchar para recibir la corona de Rey de reyes, Jesús confía a sus apóstoles la misión de proclamar el Evangelio a toda la Creación, de predicar a todos los hombres que sólo quien crea en Cristo se salvará. Les prometió, además, que aunque se marchaba no les dejaría solos y que en su nombre harían prodigios, vencerían al maligno. Ellos fueron fieles al mandato de Jesús y caminaron por todo el mundo, levantando muy alta la luz de Cristo. Después, cuando ellos pasaron de la tierra al Cielo, entregaron el fuego sagrado a quienes les sucedían, y éstos a su vez a quienes vinieron luego. Así, el fuego que el Hijo de Dios trajo a la tierra, fue encendiendo todas las páginas de la Historia. Ahora ese fuego está en nuestras manos y nos toca a nosotros reavivarlo y propagarlo por entre los hombres de nuestra época. Ojalá que seamos responsables de la misión que Jesús nos encomienda y consigamos que el fuego de la fe no se apague. Antes al contrario, convirtamos el mundo en una bendita hoguera que ilumine, alegre y mejore más y más la conducta de los hombres. 2.- PASMADOS, MIRANDO AL CIELO Por José María Maruri, S.J. 1.- La Ascensión es para los Apóstoles el momento de la revelación por parte del Padre y de la perfecta compresión de la Resurrección. Y es que la Resurrección es el paso de muerte a vida tan infinitamente gloriosa, que ese Jesús, que convivió con ellos día a día, se iguala al Padre, se sienta a su derecha, y tiene todo poder sobre el cielo y la tierra. -- Momento de inmensa alegría porque Jesús es el Señor de Cielo y Tierra, y de nostalgia porque habiendo gozado de su presencia, de sus palabras, de su cariño personal, hasta ahora no le habían sabido comprender en profundidad. -- Momento de seguridad plena, porque el Señor va a estar con ellos... y de inseguridad en sí mismos, porque si no le han sabido comprender en tres años, ¿serán capaces de gobernar la barquilla que el Señor les encomienda llevar a buen Norte? -- Por eso se quedan parados, pasmados, mirando al cielo. Pero es el mismo Señor, quien por medio del ángel les reprende: ¿qué hacéis ahí pasmados mirando al cielo? 2.- Jesús que, en sus ratos de oración en lo alto de la montaña tanto miró al cielo, jamás se quedó allí estático en su unión con el Padre, sino que bajo siempre a buscar a los hombres y pasó haciendo el bien. El hombre de fe debe mirar al cielo para bajar los ojos de nuevo a la tierra, para conducir sus manos hacia el bien de los demás. En vano buscamos a Dios en los cielos, cuando ese mismo Señor no ha dicho que Él está en la tierra ¡¿Qué hacéis ahí pasmados mirando al Cielo...?! * Si el Señor de Cielo y tierras es el Dios desnudo, el Dios enfermo, el Dios hambriento. * Si el Señor que se sienta a la diestra del Padre es el Dios sediento, el Dios encarcelado, el Dios Abandonado y solitario. * Si el Primogénito de toda Creatura está en mi hermano. ¿Qué hacéis ahí pasmados mirando al cielo? Ese Señor que se ha ido al cielo, está con nosotros hasta el fin de los tiempos y su Reino está entre nosotros. No por mucho mirar al cielo evitaba San Isidro la pedriza o atraía la lluvia. Por eso sus manos no dejaban de sembrar la semilla en el surco y de preparar un plato más en su mesa para uno más necesitado que él. 3.- ¡A PREGONAR EL EVANGELIO! Por Pedro Juan Díaz 1.- Con esta fiesta de la Ascensión del Señor se cierra un círculo que comenzó con la encarnación. Jesús bajó, nació de María Virgen, compartió nuestra vida y nuestra condición humana, murió crucificado, resucitó y ahora vuelve al Padre, sube a donde estaba, y continua la tarea con el don del Espíritu Santo (que celebraremos la semana que viene) y con toda la confianza puesta en sus discípulos, a los que ha convertido en testigos: “Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos”, hemos leído en la primera lectura. Y aquellos discípulos, lejos de quedarse parados, se pusieron a pregonar el evangelio por todas partes, y el Señor les ayudaba y cooperaba con ellos, confirmándoles con las señales que les acompañaban: los enfermos eran curados, las personas encontraban motivos para vivir, los pecadores se convertían, los tristes eran consolados…. 2.- Habrá que ver qué señales damos los cristianos hoy. Habrá que ver si nos creemos las palabras de Jesús: “Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación”. Él está con nosotros, nos acompaña, nos anima. Nuestra tarea es poner luz, amor, compañía, vida… ser signos de la presencia de Dios en la vida de cada día, sobre todo para esa gente que piensa que Dios vive allí arriba en el cielo, despreocupado de nuestros problemas. Ese no es nuestro Dios. Y los cristianos hemos de mostrar al verdadero, al Dios encarnado, al Dios de Jesús. 3.- Para Jesús ya somos mayores de edad, adultos en la fe, suficientemente libres y responsables como para hacer esta tarea que él nos confía. Cada uno de nosotros ha acogido la fe en su corazón libremente, y nos esforzamos cada día por vivirla en coherencia. Esta fiesta de la Ascensión nos recuerda que Dios apuesta al 100 % por nosotros, que nos ha confiado esta tarea sabiendo que somos capaces de eso y de más, porque él nos conoce en lo más profundo de nuestro corazón. 4.- No podemos quedarnos embobados mirando al cielo. Nuestro mundo necesita que les transmitamos nuestra experiencia de Dios. Hay experiencias en la vida que llenan bastante y que son muy gratificantes, pero son efímeras. Nada ni nadie llenan tanto el corazón como lo hace Dios, y esa es una experiencia permanente, eterna. Esa es la experiencia que hay que transmitir. Esa es la experiencia que necesitan nuestros jóvenes, los niños de la catequesis, nuestros vecinos, los que acuden a la parroquia en bodas, bautizos, comuniones y entierros, y poco más. Los cristianos de El Altet, ¿transmitimos esa experiencia de Dios? ¿La hemos descubierto? ¿La estamos viviendo? 5.- Jesús envía a sus discípulos, y nos envía a nosotros, a pregonar el evangelio a través del testimonio sobre la persona y la obra de Jesús que han experimentado y vivido. No hablan de teorías sobre Jesús, ni dan grandes discursos, sino que cuentan su propia experiencia, como Dios les ha tocado el corazón, como Dios nos ha tocado el corazón a nosotros. Eso es lo que hay que compartir, ese es el evangelio que hay que pregonar. No nos podemos quedar sólo en una contemplación pasiva. Hemos sido testigos de la resurrección y ahora tenemos que dar testimonio de ello. Pero para que la tarea sea más fácil, el Señor nos envía el Espíritu Santo, que nos fortalece para ser sus testigos. 6.- En cada Eucaristía el Señor se hace presente con los signos de partir el pan, por el que lo reconocieron los discípulos de Emaús, y por su cuerpo y su sangre que nos da como alimento. Aquí recibimos la fuerza y el Espíritu Santo para salir ahí fuera y ser sus testigos, para pregonar el evangelio a nuestra gente y a todos aquellos que necesitan descubrir la cercanía de un Dios que está con nosotros, confirmando nuestras palabras con sus signos, todos los días de nuestra vida. Fuente: www.betania.es

18 CALENDARIO LITURGICO-PASTORAL: VIERNES DE LA VI SEMANA DE PASCUA, Feria o SAN JUAN I, papa y mártir, Memoria libre

18 CALENDARIO LITURGICO-PASTORAL: VIERNES DE LA VI SEMANA DE PASCUA, Feria o SAN JUAN I, papa y mártir, Memoria libre Misa: de feria (blanco) o de la memoria (blanco). Misal: para la feria ants. y oracs. props. / para la memoria 1ª orac. prop. y el resto de la feria o del común, Pf. Pasc. o de la memoria. Lecc.: vol. VII, lects. de la VI semana de Pascua-viernes: • Hch 18, 9-18. Muchos de esta ciudad son pueblo mío. • Sal 46. Dios es el rey del mundo. • Jn 16, 20-23a. Nadie os quitará vuestra alegría. o bien: cf. vol. V, lects. propuestas para la memoria. Calendarios: Esclavas del Sagrado Corazón: Santa Rafaela María Porras (S). Josefinos de Murialdo: San Leonardo Murialdo (S). Familia Salesiana: (ML). Siervas de Jesús de la Caridad: Santa María Josefa del Corazón de Jesús Sancho de Guerra, virgen (S). Bilbao: (MO). Barbastro-Monzón y Córdoba: Dedicación de la iglesia catedral (F). OFM Cap.: San Félix de Cantalicio, religioso (F). Familia Franciscana: (ML). Tarragona: San Próspero, obispo (MO). Agustinos: Beato Guillermo de Tolosa, presbítero (ML). Mercedarios: Beato Juan Gilabert Cofre (ML). Mallorca: Aniversario de la muerte de Mons. Teodoro Úbeda Gramage, obispo (2003). Fuente: www.almudi.org

Santoral del 18 de Mayo: San Juan I, Papa y mártir. (año 526) y San Félix de Cantalicio Religioso (Año 1587)

Santoral del 18 de Mayo: San Juan I, Papa y mártir. (año 526) y San Félix de Cantalicio Religioso (Año 1587) Era italiano, de Toscana. En 523 fue elegido Sumo Pontífice. En Italia gobernaba el rey Teodorico que apoyaba la herejía de los arrianos. Y sucedió que el emperador Justino de Constantinopla decretó cerrar todos los templos de los arrianos de esa ciudad y prohibió que los que pertenecían a la herejía arriana ocuparan empleos públicos (los arrianos niegan que Jesucristo es Dios y esto es algo muy grave y contrario a la religión Católica). El rey Teodorico obligó entonces al Papa a que fuera a Constantinopla y tratar de obtener que el emperador Justino quitara las leyes que habían dado contra los arrianos. Pero Juan no tenía ningún interés en que apoyaran a los herejes. Y así lo comprendió la gente de esa gran ciudad. Más de 15,000 fieles salieron en Constantinopla a recibir al Papa Juan, con velas encendidas en las manos, y estandartes. Y lo hicieron presidir muy solemnemente las fiestas de Navidad. Y claro está que el emperador Justino, aunque les devolvió algunas iglesias a los arrianos, no permitió que ninguno de estos herejes ocupara puestos públicos. Y Teodorico se encendió en furiosa rabia, y al llegar el Santo Padre a Ravena (la ciudad donde el rey vivía) lo hizo encarcelar y fueron tan crueles los malos tratos que en la cárcel recibió, que al poco tiempo murió. Junto con el Papa fueron martirizados también sus dos grandes consejeros, Boecio y Símaco. Y dicen los historiadores que el rey Teodorico sintió tan grande remordimiento por haber hecho morir a San Juan Primero, que en adelante lo veía hasta en los pescados que le servían en el almuerzo. San Félix de Cantalicio Religioso (Año 1587) ¿En qué imitaré a San Félix? ¡Dios mío ilumíname!. El que se humilla será enaltecido. (Jesucristo). Nació en Cantalicio (Italia) en 1513. Hijo de dos campesinos muy pobres y muy piadosos. De niño tuvo por oficio pastorear ovejas, y allá en el campo, trazaba una cruz en la corteza de un árbol, y ante esa cruz pasaba horas rezando. Le encantaba rezar el Santo Rosario. Y decía que en cualquier oficio y a cualquier hora hay que acordarse de Dios y ofrecer por El todo lo que se hace o sufre. Cuando ya era mayor, un día estaba arando el campo y de pronto los bueyes se asustaron y se le lanzaron encima. Al sentir que iba a morir allí pisoteado, prometió a Nuestro Señor dedicarse a una vida más perfecta. Salió ileso del accidente y al oír leer un libro de vidas de santos sintió un fuerte deseo de imitar a los grandes amigos de Dios en la oración y en la penitencia. Entonces le preguntó a un amigo cuál era la Comunidad religiosa más exigente y fervorosa que existía en ese entonces. El otro le dijo que eran los padres Capuchinos. Y hacia allá se dirigió a pedir que lo admitieran. El superior, para que no se hiciera ilusiones le describió de manera muy fuerte las penitencias que había que hacer en aquella comunidad y la gran pobreza en que allí se vivía. Félix le preguntó: "Padre ¿en mi habitación hay un crucifijo?". "Sí, lo habrá", le dijo el superior. "Pues bastará mirar a Cristo Crucificado y su ejemplo me animará a sufrir con paciencia". El superior comprendió que este joven amaba y meditaba la Pasión de Cristo, y lo admitió. El oficio de Félix desde que entró a la comunidad hasta que se murió, fue por 40 años, el de pedir limosna por las calles de Roma, para ayudar a los necesitados. Era un oficio duro, cansado y humillante, pero él lo hacía con una alegría que impresionaba gratamente a la gente. A su compañero de limosnería le decía: "Amigo: los ojos en el suelo, el espíritu en el cielo y en la mano, el santo rosario". Y repetía: "o santo, o nada". "La única tristeza es la de no ser santo". Y con lo que recogía ayudaba a familias muy necesitadas y a enfermos y gente abandonada. La gente se admiraba de sus buenos consejos y le preguntaba en qué libro había aprendido tanta sabiduría y él respondía: en un libro que tiene seis páginas: cinco son las heridas de Cristo Crucificado, y la sexta es la Sma. Virgen María. Siempre alegre, parecía no sufrir. Se chistoseaba con San Felipe Neri. Un día San Felipe le dice: "Fray Félix, que te quemen vivo los herejes, para que te consigas un gran puesto en el cielo". Fray Félix le responde: "Padre Felipe: que lo picadillen los enemigos de la religión para que así se consiga una gran gloria en la eternidad". Siempre viajaba descalzo por calles y caminos, todos los días. Dormía sobre una tabla. La mayor parte de la noche la pasaba rezando. Se alimentaba con las sobras que quedaban de la mesa de los demás. Cuando ya estaba anciano, un cardenal le dijo: "Fray Félix, ya no cargue más esa maleta de mercados que recoge para los pobres. Ya es tiempo de descansar", y el santo le respondió: "Monseñor: el burro se hizo para llevar cargas. Mi cuerpo es un borriquillo y si lo dejo descansar le puede hacer daño al alma". Ya desde pequeño nunca se sentía ofendido cuando lo humillaban e insultaban. Cuando alguien lo insultaba u ofendía muy fuertemente le decía: "Que Dios te haga un santo. Pediré a Dios que te haga un buen santo". Ayunaba muchas veces a pan y agua. Trataba de ocultar los dones sobrenaturales que recibía del cielo, para que nadie los supiera, pero muchas veces mientras ayudaba a Misa se elevaba por los aires. Eran tantas las veces que repetía la frase "Gracias a Dios", que las gentes sencillas al verlo decían: allá viene el hermanito "Gracias a Dios". San Carlos Borromeo le pidió unos consejos para obtener que sus sacerdotes se hicieran más santos y le respondió: "Que cada sacerdote se preocupe por celebrar muy bien la Misa y por rezar muy devotamente los salmos que tiene que rezar cada día, el Oficio Divino". Al franciscano Padre Montalto que iba a ser nombrado Sumo Pontífice le dijo: "Si un día lo nombran Papa, esmérese por ser un verdadero santo, porque si no es así, sería mucho mejor que se quedara como sencillo fraile en un convento". Montalto llegó a ser Papa Sixto V y siempre recordaba el consejo del humilde hermano Félix. Desde pequeñito se sintió favorecido por la Santísima Virgen y le tuvo un cariño inmenso. Cuando pasaba por frente a las imágenes de Nuestra Señora le repetía aquello que a San Bernardo le agradaba tanto decirle: "Acuérdate que eres mi Madre". Y le decía frecuentemente: "Yo soy siempre un pobre niño y los niños no pueden andar sin la ayuda de la madre. No me sueltes jamás de tus manos". Pocos minutos antes de morir se llenó de alegría y de emoción y exclamó: "Veo a mi Madre, la Virgen María, que viene rodeada de ángeles a llevarme". Murió el 18 de mayo de 1587 a los 72 años. El Papa Sixto V decía que en su tiempo ya se habían obtenido 18 milagros por intercesión de Félix de Cantalicio. En 1712, el Papa Inocencio XI lo declaró santo. Fuente: www.ewtn.com/español