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miércoles, 7 de marzo de 2012

Evangelio del Viernes III Semana de Cuaresma. Ciclo B. 09 de Mazo, 2012.

Evangelio del Viernes III Semana de Cuaresma. Ciclo B. 09 de Mazo, 2012. † Lectura del santo Evangelio según san Mateo (21, 33-43. 45-46) Gloria a ti, Señor. En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro, y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo. Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron. Ahora díganme: Cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?” Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”. Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable? Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”. Al oír estas palabras, los sumos sacerdotes y los fariseos comprendieron que Jesús las decía por ellos y quisieron aprehenderlo, pero tuvieron miedo a la multitud, pues era tenido por un profeta. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús. Comentario: Dios nos has entregado un mundo para que lo administremos y para que en él demos frutos abundantes de justicia, paz, libertad, verdad y fraternidad. Pero los seres humanos, seducidos por la ambición desmedida de poder y de soberbia se han dejado llevar por sus propias tendencias y tentaciones y han ido destruyendo el mundo de las posibilidades que le ha otorgado el Señor. Los recursos naturales no renovables se han depredado, se ha contaminado el agua y el aire, se han derrumbado millones de millones de hectáreas de bosques y de selvas, convirtiendo el paradisíaco mundo en un inmenso desierto “globalizado”. Y cuando algunos hombres y mujeres con sensibilidad social ecológica y profética han levantado su voz contra esta depredación mundial acelerada, han sido acallados, exiliados de sus patrias, asesinados y silenciados. Nuestro compromiso como creyentes en el Dios de la vida es por la defensa de la tierra y de los que en ella habitan. El Padre envío a su Hijo para que advirtiera del peligro que corre la humanidad, pero fue rechazado y asesinado como todos los profetas anteriores y posteriores a él. Sin embargo, nuestra misión consiste en continuar su obra en medio de la codicia del mundo.

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