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lunes, 20 de septiembre de 2010

Lecturas del Martes XXV Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C. 21 de septiembre 2010

Primera Lectura
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los efesios
(4, 1-7. 11-13)
Hermanos: Yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor, los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido. Sean siempre humildes y amables; sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor; esfuércense en mantenerse unidos en el espíritu con el vínculo de la paz.
Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu, como es también sólo una la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos.
Cada uno de nosotros ha recibido la gracia en la medida en que Cristo se la ha dado. El fue quien concedió a unos ser apóstoles; a otros, ser profetas; a otros, ser evangelizadores; a otros, ser pastores y maestros. Y esto, para capacitar a los fieles, a fin de que, desempeñando debidamente su tarea, construyan el cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios y lleguemos a ser hombres perfectos, que alcancemos en todas sus dimensiones la
plenitud de Cristo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 18
El mensaje del Señor resuena
en toda la tierra.
Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día comunica su mensaje al otro día y una noche se lo trasmite a la otra noche.
El mensaje del Señor
resuena en toda la tierra.
Sin que pronuncien una palabra, sin que resuene su voz, a toda la tierra llega su sonido, y su mensaje hasta el fin del mundo.
El mensaje del Señor
resuena en toda la tierra.

Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Señor, Dios eterno, alegres te cantamos, a ti nuestra alabanza. A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles.
Aleluya.

Evangelio
† Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (9, 9-13)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo:
“Sigueme”. El se levantó y lo siguió.
Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?”
Jesús los oyó y les dijo:
“No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios.
Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión:

Este bello pasaje que nos regala Mateo nos está llamando la atención en tres aspectos muy significativo. En primer lugar, al seguimiento. Jesús llama a un recaudador de impuestos (Mateo), acto impensable para un maestro, sabiendo lo que significaba para los judíos este tipo de personas. Eran consideradas impuras, pecadoras, traidoras, etc., es decir, no eran muy bien vistas por el pueblo. Jesús llamó a uno de ellos. En segundo lugar, la disponibilidad para el seguimiento, se levantó y le siguió (v. 9b). A pesar de las críticas que generó el tener a un “publicano-pecador” entre los suyos, Jesús hace caso omiso y sigue adelante con su proyecto. Y más aun, come con ellos. En tercer lugar, la misión de los seguidores, los destinatarios de esa misión no son solamente las personas “buenas” sino principalmente los pecadores, porque no son los sanos que necesitan médico sino los enfermos. En nuestros contextos eclesiales muchas veces juzgamos la actitud de alguien por querer acoger a “pecadores”, que han sido señalados por la sociedad. El Señor nos invita a ser misericordiosos con todos, sin excluir a nadie.

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