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martes, 21 de diciembre de 2010

Ordinario de la Misa. Lecturas y Oraciones. Miércoles IV Semana de Adviento. Ciclo A. 22 de diciembre 2010

= Miércoles 22 de Diciembre, 2010
Mi corazón se alegra en Dios, mi salvador
Feria de Adviento: día 22
Proclama mi alma la grandeza del Señor
Antífona de Entrada
Puertas, abríos de par en par; agrandaos portones eternos, porque va a entrar el rey de la gloria.
Oración Colecta
Oremos:
Dios nuestro, que al ver al hombre caído y condenado a la muerte, quisiste rescatarlo con la venida de tu Hijo, concede a cuantos creemos en el misterio de su encarnación, participar algún día de su vida inmortal.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura
Lectura del primer libro de
Samuel (1, 24-28)
En aquellos días, Ana llevó a Samuel, que todavía era muy pequeño, a la casa del Señor, en Siló, y llevó también un novillo de tres años, un costal de harina y un odre de vino.
Una vez sacrificado el novillo, Ana presentó el niño a Elí y le dijo: “Escúchame, señor: te juro por mi vida que yo soy aquella mujer que estuvo junto a ti, en este lugar, orando al Señor. Este es el niño que yo le pedía al Señor y que él me ha concedido.
Por eso, ahora yo se lo ofrezco al Señor, para que le quede consagrado de por vida”. Y adoraron al Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial
1 Samuel 2
Mi corazón se alegra en Dios,
mi salvador.
Mi corazón se alegra en el Señor, en Dios me siento yo fuerte y seguro. Ya puedo responder a mis contrarios, pues eres tú, Señor, el que me ayuda.
Mi corazón se alegra en Dios,
mi salvador.
El arco de los fuertes se ha quebrado, los débiles se ven de fuerza llenos. Se ponen a servir por un mendrugo los antes satisfechos; y sin tener que trabajar, pueden saciar su hambre los hambrientos. Siete veces da a luz la que era estéril y la fecunda ya dejó de serlo.
Mi corazón se alegra en Dios,
mi salvador.
Da el Señor muerte y vida, deja morir y salva de la tumba; él es quien empobrece y enriquece, quien abate y encumbra.
Mi corazón se alegra en Dios,
mi salvador.
El levanta del polvo al humillado, al oprimido saca de su oprobio, para hacerlo sentar entre los príncipes en un trono glorioso.
Mi corazón se alegra en Dios,
mi salvador.

Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Rey de las naciones y piedra angular de la Iglesia, ven a salvar al hombre, que modelaste del barro.
Aleluya.

Evangelio
† Lectura del santo
Evangelio según san
Lucas (1, 46-56)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, dijo María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.
Santo es su nombre, y su misericordia llega de generación en generación a los que lo temen. Ha hecho sentir el poder de su brazo: dispersó a los de corazón altanero, destronó a los potentados y exaltó a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada.
Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia, para siempre”.
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Reflexión:
En la primera lectura Samuel nos relata la acción de Dios en Ana, mujer estéril que ruega a Dios para que le dé un hijo. Dios escuchó su ruego y ella dio a luz. Luego llevó el niño al santuario y lo entregó al sacerdote; sabiendo que era un don de Dios, se postró ante Él y oró con las palabras que hemos escuchado en el salmo. Ana reconoce la grandeza de Dios, que escucha la voz de los pequeños. Lucas pone en paralelo con Ana las palabras de María que, como portadora de la palabra de salvación que le ha dado Dios, reconoce la grandeza del proyecto de Dios en ella y en su pueblo. Es un cántico de alegría, de gozo, de agradecimiento y de reconocimiento de la grandeza de Dios. El “Magníficat” es un canto de María al Dios que ha caminado siempre con su pueblo, al Dios que se fija en ella de modo personal, vinculándola a su proyecto universal, al Dios de misericordia y justicia que reivindica a los pobres y débiles. Dios hace de la pequeñez la fuerza del reino de Dios. ¿Reconozco y doy gracias a la acción de Dios en los pequeños de hoy.




Oración sobre las Ofrendas
Confiados, Señor, en tu misericordia, venimos a tu altar con nuestros dones, a fin de que la celebración de esta Eucaristía nos purifique de nuestros pecados.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio de Adviento II
La doble espera de Cristo
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. A quien todos los profetas anunciaron y la Virgen esperó con inefable amor de madre; Juan lo proclamó ya próximo y lo señaló después entre los hombres.
El es quien nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento, para encontrarnos así cuando llegue, velando en oración y cantando su alabanza.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…

Antífona de la Comunión
Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque ha hecho en mí maravillas el todopoderoso.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Que la recepción de este sacramento nos dé fuerza, Señor, para prepararnos a la venida de nuestro salvador con la práctica de las buenas obras, y podamos así, alcanzar el premio de la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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